viernes, 26 de marzo de 2010

OSMTJ-Venezuela, Comunicado



Como católicos es inevitable no sentirnos afectados por el reciente caso de la pederastia en nuestra iglesia; es una situación lamentable que debe ser analizada a fondo y tocada con mucho cuidado y sensibilidad. No ponemos en duda el sufrimiento de nuestras victimas, porque son nuestras, de todos los cristianos católicos, y nos solidarizamos con su padecimiento, pudiendo tener la certeza de que oramos a diario por el alivio del dolor moral, espiritual y físico que conlleva esta abominable problemática. Abogamos por la justicia y apoyamos incondicionalmente al SS Benedicto XVI en todo cuanto pudiera decidir al respecto.
No obstante debemos recordar que los enemigos de Dios y de nuestra iglesia siempre están al acecho para golpear la imagen de esta milenaria institución fundada por nuestro Señor Jesucristo. Los nuevos medios de comunicación les facilitan la funesta labor de socavar la imagen pública de la iglesia. Es así como los lamentables casos de pederastia ocurridos en Irlanda le dieron la vuelta al mundo en menos de 24 horas; y así lo hicieron también las hasta ahora no probadas, y por tanto infundadas, acusaciones del mismo delito en Alemania y España. Pero mucho hay que analizar al respecto, es interesante que el buen católico o el ciudadano medio no creyente se pregunte qué hay detrás de esta “desinteresada” moda justiciera. Resulta curioso, pero también revelador, que raras veces los medios internacionales tomen en cuenta o resalten las buenas obras realizadas por los católicos (sobre todo los sacerdotes) a lo largo y ancho del mundo. Nadie habla de laborioso y anónimo esfuerzo de los miles, y quizá millones de sacerdotes que se entregan a una amorosa y casta vida al servicio desinteresado. Nunca veremos titulares sobre aquellos pastores que se desviven llevando ayuda espiritual a las cárceles, que entregan su juventud, madurez y vejez a la dirección de escuelas y orfanatorios; que dejan de comer para alimentar a otro. Los sacerdotes renuncian a la vida ordinaria de los hombres por amor a Dios, por amor a su rebaño, es decir, por amor a nosotros; renuncian a tener hijos carnales para adoptarnos como sus hijos espirituales. Y sin embargo los estamos abandonando, estamos permitiendo que por algunos descarriados se generalice y se estigmatice a todos aquellos fieles servidores.
No podemos evitar sentir dolor ante la postura de algunos feligreses y muchos hipócritas, que justificándose en una sed justiciera se han sumado a la cacería de brujas iniciada por los enemigos de la iglesia. No se trata de hacernos a la vista gorda, no es nuestra intención incitar a la complicidad, pero es necesario comprender que esta campaña es estigmatizadora. Por ejemplo, notemos que la gran mayoría de las victimas irlandesas pide justicia, pero bajo ningún concepto ha renunciado a la iglesia, poco se dice al respecto. Tomemos en cuenta además que usualmente un caso de abuso sexual es titulado en la prensa dos días como máximo, cuestión que no impide que el poder judicial actúe. Sin embargo, estamos ante una situación en la que el asunto se repite diariamente durante semanas enteras con insistencia casi obsesiva; y tengan la total certeza de que no lo hacen por buscar justicia… en realidad, para quienes repiten estas noticias hasta el cansancio lo menos importante son las víctimas. Lo que se busca es manipular a la opinión pública, crear la matriz generalizada de que la Iglesia Católica está colmada de pedófilos y aberrados, asustar a las personas e incluso sembrar en ellas sentimientos negativos en contra de los sacerdotes. Estos individuos con intenciones insanas buscan socavar las bases morales de los creyentes y además proveen de argumentos a quienes adversan a nuestra religión. Ya en nuestro país comienzan a verse los efectos de estar argucias, muchas personas que acudían a misa con asiduidad han dejado de hacerlo, están atrapadas en un laberinto de confusión, y mucho tememos que tal vez terminen por perderse. Se niegan a acudir a misa “No iré a misa, todo aquellos en lo que creí es mentira… ese sacerdote hipócrita, quien sabe a cuantos niños habrá violado” y por supuesto, ahora son vulnerables a los ataques del enemigo. Muchos serán los que terminen integrándose a alguna secta o entregándose a supersticiones paganas. Y en el aire queda la gran pregunta ¿Qué culpa tiene el sacerdote que ha cumplido sus votos cabalmente, porque él debe pagar por los pecados de alguien que está al otro lado del mundo? Eh ahí el efecto de la globalización y las nuevas tecnologías.
Puede que incluso mañana aparezcan casos aquí en Venezuela, eso no lo sabemos, pero lo que sí podemos asegurar es que los curas pederastas son una escueta minoría que no se compara ni remotamente con la gran cantidad de célibes amorosos y bien intencionados. No caigamos en el juego de los anticatólicos, las denuncias, si las hay, pueden canalizarse a través de los medios regulares, el poder judicial no necesita la ayuda de los medios de comunicación. Más bien contrarrestemos esos fatuos intentos con buenas noticias; no permitamos que las victimas queden sin justicia, pero tampoco hagamos una alharaca que se preste a la manipulación de la opinión general. Contrarrestemos esas noticias cansonamente repetidas con buenas nuevas, la gente debe comprender que los curas pederastas son una minoría; hagamos de conocimiento público todo lo bueno que hay en la iglesia. Llenemos los medios con todas aquellas loables actividades que se realizan en nombre del señor y gritémosle al mundo que la iglesia católica a pesar de estar llena de errores, por estar conformada por hombres susceptibles a errar, tiene una misión divina y la cumple con amor y gozo. La invitación es a que no permanezcamos impasibles, a que no caigamos en las trampas del enemigo, a que contrarrestemos este ataque mostrando todo lo bueno que hay que la iglesia, que es muchísimo.

Cancillería

Non Nobis

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