viernes, 18 de septiembre de 2015

Estructura del Gran Priorato

La Ordo Supremus Militaris Templi Hierosolymitani (O.S.M.T.H.) se encuentra establecido en diversos países del mundo. No es pues posible pertenecer a la Orden a titulo individual, sino que el ingreso deberá propiciarse necesariamente en una Encomienda o Priorato legalmente establecidos.


Vertebración Territorial

Tercia.- Es la unidad básica, formada por un mínimo de tres Hermanos en un mismo entorno no demasiado distante.



La denominación de la Tercia hará referencia al entorno en donde se ubica la misma.

Encomienda.- La forman un mínimo de nueve Hermanos, en un entorno geográfico próximo, de los cuales, al menos cinco deberán ser Caballeros/Damas profesos.



Al frente de la Encomienda habrá un Comendador. La denominación de la Encomienda hará referencia al entorno en donde se ubica la misma.


Bailía.- Cuando en una misma Comunidad Autónoma hay tres o mas Encomiendas, éstas pueden agruparse en una Bailía, órgano de jurisdicción territorial intermedio entre ellas y el Gran Priorato


Al frente de la Bailía existirá un Bailío.

Escudero - postulanteEs aquella persona menor o mayor de 18 años, que está interesada en participar en las actividades de la Orden con la idea de postular posteriormente su ingreso en la misma.
Sargento - novicio/a
Es aquella persona, mayor de 18 años que estando interesada en profesar, aún no se considera suficientemente preparada, bien por estimación propia, bien porque así lo estimen los Oficiales de la Orden.
El Sargento-novicio, una vez aceptado su ingreso en la Orden, adquiere y los derechos del Grado de Sargento y contrae las obligaciones correspondientes a su status.La insignia o distintivo de los Sargentos consiste en la Cruz del Temple al cuello. En los actos oficiales usan dalmática negra.

Tratamiento: Señor/a Don/ña
Caballero o Dama de CapítuloSon Caballeros o Damas de Capítulo quienes habiendo ascendido de Sargentos, o habiendo sido admitidos directamente por el Consejo Prioral al haberse valorado positivamente su documentación y circunstancias, se encuentran pendientes de la celebración de su Investidura e iniciación
Al realizarse ésta, pasarán a ser Caballeros o Damas Profesos.
Caballero o Dama Profeso
La insignia de los Caballeros y Damas Profesos es la Cruz del Temple Coronada.
En los actos oficiales, los pertenecientes a este grado llevan el Manto Blanco con la Cruz roja del Temple en el costado izquierdo y guantes blancos.El uniforme de gala se compone de: Traje Negro con corbata del mismo color y cinturón negro para los Caballeros; pudiendo llevar espuelas y espada. Las Damas usan vestido largo negro.

Tratamiento: Ilustrísimo/a Señor/a
Comendador/a
Comendador/a es aquel Caballero o Dama profesos que ha ascendido a este grado por decisión del Consejo Prioral. El distintivo es la Encomienda de plata y la banda negra.
El uniforme de gala, traje o vestido igual que el de los Caballeros y Damas.Tratamiento: Ilustrísimo/a Señor/a
Gran Oficial

Gran Oficial es el comendador que ha ascendido a ese grado por decisión del Consejo Prioral. El distintivo de grado es la Cruz Paté Coronada con trofeo militar.
El uniforme de gala, traje o vestido igual que el de los Caballeros y Damas.Tratamiento: Excelentísimo/a Señor/a
PriorPrior es aquel Caballero o Dama que el Consejo Prioral ha estimado debe ascender a ese grado. El distintivo es la Encomienda de oro y la banda roja.
El uniforme de gala, traje o vestido igual que el de los Caballeros y Damas.Tratamiento: Excelentísimo/a Señor/a
El Consejo PrioralPara acceder al Consejo Prioral debe ostentarse, al menos, el grado de Comendador. El distintivo de pertenencia al Consejo Prioral en el Uniforme de Gala será una Cruz de las Ocho Beatitudes Laureada dorada en la bocamanga.

jueves, 3 de septiembre de 2015

¿Interesado en el Temple en Venezuela?



Amigas y Amigos:
 
                                            
Los Pobres Caballeros De Jesucristo Del Templo De Jerusalem O Templarios Como Mejor Se Nos Conocen, Te Deseamos Saludar Y Te Invitamos A Hacerte Caballero O Dama Con Nosotros. 
Venezuela Necesita De Hombres Y Mujeres De Temple Que Rescaten Los Valores De Nuestra Sociedad Mediante La Antigua Caballería De Los Hermanos Templarios.

 1.-Luchar Contra El Materialismo, La Impiedad Y La Tiranía En El Mundo. A través de “darse cuenta” personal
2.-Defender La Santidad Del Individuo. 
3.-Afirmar La Base Espiritual De La Existencia Humana. 
La Misión Original De La Orden Es Tan Real Hoy En Dia Como Lo Fue En 1118 Cuando Se Fundo, Solo Que Las Circunstancias Han Cambiado. 
Nuestros Primeros Hermanos No Vivian Y Luchaban Por Interes´Personal, Sino Por Un Concepto, El Establecimiento De  La Sociedad Cristiana, Una Civilización Dedicada A La Gloria De Dios. 
                              
Tu Puedes Ser Caballero O  Dama Que La Sociedad Necesita Y Espera¡¡¡ 


Unete al UNICO PRIORATO autorizado por la OSMTH - Linea Porto
  
                       Para Mayor Información Escríbeme


domingo, 19 de julio de 2015

La Historia de la Orden de los Templarios

La Historia de la Orden de los Templarios es poco conocida y generalmente deseada. Son muchos a quienes hemos oído preguntar en qué época se fundó, y qué circunstancias motivaron su estrepitosa caída y extinción. Unos creen que todos los individuos de esta antiquísima y primera Orden de caballería fueron criminales, y como tales degollados o quemados vivos sin distinción alguna, mientras otros suponen que ninguno fue delincuente ni castigado de una manera ejemplar, como generalmente se refiere. Con el objeto pues de conciliar estos dos extremos tan opuestos y fijar en lo posible la verdadera opinión pública, damos a luz una sucinta noticia histórica del origen e institución de los Templarios, de las formalidades que observaban en la recepción y profesión de los caballeros, del traje, armas y distintivo que usaron, indicando la época en que vinieron a la Península, haciendo una reseña de las brillantes acciones a que en ella dieron cabo, y refiriendo las causas que se cree motivaron la caída de la Orden, junto con los trámites y pormenores que se observaron en las causas que se les formaron en los varios reinos de la cristiandad. Para hacerlo de un modo imparcial y con la veracidad que corresponde, sólo referimos lo que varones respetables por su carácter, saber y virtudes religiosas escribieron, y cuyas obras hemos consultado con la mayor detención.
Sin poder evitar que nuestro corazón naturalmente sensible se conduela alguna vez al recordar el terrible y horroroso suplicio en que más de cinco siglos hace acabaron desgraciadamente sus días algunos caballeros y su último gran Maestre, no por esto diremos que fuesen inocentes ni culpables; decidirnos en un asunto en que tantos sabios están discordes, seria una falta que no nos perdonaríamos nunca. Cada uno, en vista de la sencilla e ingenua exposición de los hechos, formará aquel juicio que le pareciere mas arreglado.

ORIGEN, PRINCIPIOS E INSTITUCIÓN DE LA ORDEN

Entre los muchos caballeros que llenos de un santo celo acompañaron a los príncipes cristianos a la primera Cruzada que pasó al Oriente en los últimos años del siglo XI para rescatar los santos lugares de la Palestina, merecen una particular mención Hugo de Paganis de la ilustre casa de los condes de Champaña, y Godofre de S. Omer, o según otros de S. Aumer, primeros fundadores de la Orden del Temple. Estos dos caballeros, con otros cuatro llamados, según se cree, Gaufredo o Gofredo Bisoi, Rotario, Archimbaudo de Sant-Ameno, y Pagano de Monte Desiderio, en unión con tres compañeros más, todos caballeros franceses, cuyos nombres se ignoran, impulsados de una acendrada devoción, se juntaron en Jerusalén por los años de 1118 y se consagraron al servicio divino. Su primera e interina institución fue, según opinan algunos autores, a manera de canónigos regulares, siguiendo en algún modo la regla de San Agustín, y como tales hicieron en manos de Gormondo, patriarca entonces de Jerusalén, los tres votos ordinarios de obediencia, pobreza y castidad.
Balduino II, rey de aquella ciudad santa, viendo el celo de estos nueve siervos del Señor, dioles de limosna una casa inmediata al templo de Salomón, en donde poder vivir reunidos y ejercer parte de las piadosas obligaciones que se habían propuesto observar; pues como dice Zapater en su Cister militante "todos juntos, reverentes a Dios y a su casa santa, determinaron servirle y defender su Cruz con oraciones en el monasterio y espada invencible en el campo". De la inmediación de su primera vivienda o monasterio al templo de Jerusalén tomaron, según creen la mayor parte de los historiadores, el nombre detemplarios o caballeros de la milicia del Templo. Bossuet dice que fueron instituidos bajo el título de "pobres caballeros de la Santa Ciudad". Llamóseles también soldados de Cristo, milicia del Templo de Salomón, milicia de Salomón, y hermanos del Templo o del Temple.
Como estos nueve compañeros no vivían sino de limosna, el rey, que en cierto modo se constituyó su protector, los prelados y los grandes de aquella nueva corte cristiana les fueron socorriendo, haciéndoles merced unos y otros de ciertos beneficios y rentas para que con ellas pudiesen subsistir, algunos de cuyos donativos fueron temporales y otros perpetuos.
El objeto de su primitivo instituto fue tener desembarazados los caminos que conducían a Jerusalén, con el piadoso objeto de que los peregrinos que iban en romería a visitar los santos lugares de la Palestina no fuesen molestados por los infieles, ladrones y otros malvados que infestaban aquellos caminos.
Los nueve compañeros siguieron solos y sin recibir otros en su compañía hasta nueve años después de su primera asociación. Estando aún estos hombres piadosos en hábito seglar, o llevando sólo uno blanco interino, según se deduce de lo que después se dispuso por el cap. XXI de sus estatutos, y careciendo aún de regla determinada que seguir, acudieron en el año de 1127 solicitándola de Estevan, patriarca que era a la sazón de Jerusalén, cuyo prelado elevó su petición al papa Honorio II. Su Santidad, con el fin de obrar en esta materia con toda madurez, remitió la súplica al concilio Tresense o de Troies en Francia, que entonces se estaba celebrando. Éste era presidido por Mateo, obispo albanense como a cardenal legado pontificio, y a más asistieron a él Reinaldo, arzobispo de Reims, Henrique, arzobispo de Sens, y sus sufraganeos, el de Paris, el de Troies, el de Orleans y otros obispos y abades, con algunos seglares de mucha distinción. Entre los abades estaba San Bernardo, que lo era de Claraval, y Estevan del Cister. Halláronse también presentes en él, Hugo de Paganis y los otros cinco templarios nombrados, los cuales pidieron nuevamente al concilio lo que habían solicitado antes del Patriarca de Jerusalén; y los padres de él aprobaron el instituto a impulsos de San Bernardo en el mismo año de 1127, según la opinión mas recibida.
Hay fundados motivos para pensar que el concilio encomendó la formación de la regla a S. Bernardo, tío o pariente que se cree era de Hugo de Paganis, quien la dividió en LXXII capítulos, como puede verse mas adelante; y al presentarla a la santa asamblea pronunció un discurso encomiando aquel nuevo género de milicia desconocido en los siglos anteriores, en la cual se juntaban los dos combates, uno contra los enemigos corporales, y otro contra los espirituales. "No es una cosa rara, dijo el mismo San Bernardo, ver guerreros valerosos, y el mundo está lleno también de monjes; pero es admirable la alianza de estas dos profesiones al parecer tan opuestas entre sí. Para entrar con ánimo en la pelea, es una gran cosa estar seguro de ganar la victoria o el martirio". A continuación hizo una animada descripción de la santidad de vida de los primeros templarios, santidad que mas adelante desgraciadamente perdieron algunos de sus sucesores.
Luego que Hugo de Paganis hubo recibido en el concilio los estatutos para su Orden, de la que fue primer gran maestre, restituyose con sus compañeros a Jerusalén para dar principio a aquella santa institución. El ejemplo de estos religiosos excitó el celo de muchos otros guerreros cristianos, los cuales abrazaron tan piadoso instituto, y esta milicia religiosa apareció muy luego de su creación cubierta de honor y gloria en los campos de batalla.

domingo, 5 de abril de 2015

Feliz Pascua de Resurrección 2015

Hoy celebramos la Resurrección de Cristo y que Jesús ha vencido a la muerte. Nadie más que Dios podía vencer a la muerte. Cristo invita a que le creamos, que le creamos a Él. Que no nos dejemos aplastar por la roca inmensa que cubría el sepulcro.
En su homilía por el Domingo de Resurrección,  el P. Juan José Paniagua señala que la invitación en este Domingo de Resurrección es: Creerle al Señor. Porque la fe no es solo creer que Jesús existe. Es sobre todo creerle a él, creer en su obra, creer en su camino y en sus planes.
Cuando los apóstoles escucharon a las mujeres que dijeron que Jesús había resucitado, corrieron hacia el sepulcro.Al ver la roca corrida y el supulcro vacío, creen.
Siempre supieron que Jesús era el Mesías, pero dudaban de Él. Aunque habían pasado 3 años con Jesús, recién cuando él muere y resucita creen en sus palabras.
Eso es tener fe. Es jugársela por Dios, darle todo. En este Domingo de Resurrección, Cristo nos invita a creer y confiar plenamente en Él. Todos los planes que Dios tiene para cada ser humana están llenos de esperanza.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Reflexión


"...hagamos resonar en nuestro corazón estas palabras de Jesús: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Pidamos sinceramente perdón por todas las veces en la que hemos sido ocasión de división o de incomprensión dentro de nuestras comunidades...(pidamos) al Señor la gracia de no hablar mal, de no criticar, de no chismorrear, de querer a todos..." Papa Francisco - La Iglesia, una y santa

Texto completo de la catequesis del papa Francisco. La Iglesia, una y santa



Queridos hermanos y hermanas, buenos días
Cada vez que renovamos nuestra profesión de fe recitando el "Credo", afirmamos que la Iglesia es "una" y "santa". Es una, porque tiene su origen en Dios Trinidad, misterio de unidad y de plena comunión. La Iglesia también es santa, en cuanto que está fundada en Jesucristo, animada por su Espíritu Santo, colmada de su amor y de su salvación. Al mismo tiempo, sin embargo, está compuesta de pecadores, todos nosotros, pecadores que cada día experimentan las propias fragilidades y las propias miserias. Entonces, esta fe que profesamos nos empuja a la conversión, a tener la valentía de vivir cotidianamente la unidad y la santidad y si nosotros no estamos unidos, si no somos santos, ¡es porque no somos fieles a Jesús! Pero Él, Jesús, no nos deja solos, no abandona a su Iglesia. Él camina con nosotros, Él nos entiende. Entiende nuestras debilidades, nuestros pecados, nos perdona, siempre que nosotros nos dejemos perdonar. Él está siempre con nosotros, ayudándonos a ser menos pecadores, más santos, más unidos.
El primer consuelo nos viene del hecho que Jesús ha rezado mucho por la unidad de los discípulos. Es la oración de la Última Cena, Jesús ha pedido mucho: 'Padre, que sean una sola cosa'. Ha rezado por la unidad y lo ha hecho en la inminencia de la Pasión, cuando iba a ofrecer toda su vida por nosotros. Es eso a lo que estamos enviados continuamente a releer y meditar, en una de las páginas más intensas y conmovedoras del Evangelio de Juan, el capítulo diecisiete. ¡Que bonito es saber que el Señor, justo antes de morir, no se preocupó de sí mismo, sino que pensó en  nosotros! Y en su diálogo sincero con el Padre, ha rezado precisamente para que podamos ser una sola cosa con Él y entre nosotros. Con estas palabras, Jesús se ha hecho nuestro intercesor ante el Padre, para que podamos entrar también nosotros en la plena comunión de amor con Él; al mismo tiempo, nos confía a Él como su testamento espiritual, para que la unidad pueda convertirse cada vez más en la nota distintiva de nuestras comunidades cristianas y la respuesta más bella a quien nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros.
"Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste". La Iglesia ha buscado desde el principio realizar este propósito que está tan en el corazón de Jesús. Los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan que los primeros cristianos se distinguían por el hecho de tener "un solo corazón y una sola alma"; el apóstol Pablo, después, exhortaba a sus comunidades a no olvidar que son  "un solo cuerpo". La experiencia, sin embargo, nos dice que son muchos los pecados contra la unidad. Y no pensamos solo a las grandes herejías, los cismas, pensamos a faltas muy comunes en nuestras comunidades, en pecados "parroquiales", a esos pecados en las parroquias. A veces, de hecho, nuestras parroquias, llamadas a ser lugares de compartir y de comunión, están tristemente marcadas por envidias, celos, antipatías... Y el chismorreo está a mano de todos. ¡Cuánto se chismorrea en las parroquias! Esto no es bueno. Por ejemplo, cuando alguien es elegido presidente de tal asociación, se chismorrea contra él. Y si otra es elegida presidenta de la catequesis, las otras chismorrean contra ella. Pero, esta no es la Iglesia. Esto no se debe hacer, ¡no debemos hacerlo! No os digo que os cortéis la lenga, tanto no. Pero pedid a Dios que dé la gracia de no hacerlo.
¡Esto es humano, sí, pero no es cristiano! Esto sucede cuando apuntamos hacia los primeros puestos; cuando nos ponemos a nosotros mismos en el centro, con nuestras ambiciones personales y nuestras formas de ver las cosas, y juzgamos a los otros; cuando miramos a los defectos de los hermanos, en vez de a sus dones; cuando damos más peso a lo que nos divide, en vez de a lo que nos reúne.
 Una vez, en la otra diócesis que tenía antes, escuché un comentario interesante y bonito. Se hablaba de una anciana que toda la vida había trabajado en la parroquia, y una persona que la conocía bien, dijo: 'Esta mujer no ha hablado nunca mal, nunca ha chismorreado, siempre era una sonrisa'. ¡Una mujer así puede ser canonizada mañana! Este es un bonito ejemplo. Y si miramos a la historia de la Iglesia, cuántas divisiones entre nosotros cristianos. También ahora estamos divididos.
También en la historia, los cristianos hemos hecho la guerra entre nosotros por divisiones teológicas. Pensemos en la de los 30 años. Pero, esto no es cristiano. Debemos trabajar también por la unidad de todos los cristianos, ir por el camino de la unidad que es el que Jesús quiere y por el que ha rezado.
Frente a todo esto, debemos hacer seriamente un examen de conciencia. En una comunidad cristiana, la división es uno de los pecados más graves, porque la hace signo no de la obra de Dios, sino de la del diablo, el cual es por definición el que separa, que rompe las relaciones, que insinúa prejuicios... La división en una comunidad cristiana, ya sea una escuela, una parroquia o una asociación, es un pecado gravísimo, porque es obra del demonio. Dios, sin embargo, quiere que crezcamos en nuestra capacidad de acogernos, de perdonarnos, de querernos, para parecernos cada vez más a Él que es comunión y amor.  En esto está la santidad de la Iglesia: en el reconocer a imagen de Dios, colmada de su misericordia y de su gracia.
Queridos amigos, hagamos resonar en nuestro corazón estas palabras de Jesús: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Pidamos sinceramente perdón por todas las veces en la que hemos sido ocasión de división o de incomprensión dentro de nuestras comunidades, aún sabiendo que no se llega a la comunión sino a través de una continua conversión. ¿Qué es la conversión? Es pedir al Señor la gracia de no hablar mal, de no criticar, de no chismorrear, de querer a todos. Es una gracia que el Señor nos da. Esto es convertir el corazón.  Y pidamos que el tejido cotidiano de nuestras relaciones pueda convertirse en un reflejo cada vez más bonito y feliz de la relación entre Jesús y el Padre.

domingo, 20 de abril de 2014

Domingo de Resurreccion


¡Jesucristo vive!
Juan 20, 1-9. Resurrección del Señor. ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora! 
Autor: H. Bernardo Siller | Fuente: Catholic.net
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9   
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estabacon las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. 
 
Oración introductoria
Jesús mío, yo te busco en mi peregrinar por este mundo. Concédeme la gracia de poseerte con plenitud y no permitas que me separe de tu amor. Por favor, Jesús, ayuda a nuestros familiares y a todos aquéllos que se hayan olvidado de ti.
 
Petición
Señor, que de ahora en adelante te busque en cada acontecimiento de mi vida.
 
Meditación
También Simón Pedro y el otro discípulo se dirigieron de prisa al sepulcro; y Pedro, entrando dentro, vio las vendas portierra, y el sudario que había sido puesto sobre la cabeza de Jesús, al lado (cf. Jn 20, 7). Entonces entró también el otro discípulo, vio y creyó; "aún no se habían. dado cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que El resucitase de entre los muertos" (Jn 20, 9). Vieron y comprendieron que los hombres no habían logrado derrotar a Jesús con la losa sepulcral, sellándola con la señal de la muerte; La iglesia que hoy, como cada año, termina su triduo pascual con el Domingo de Resurrección. Los artífices de la muerte del Hijo del Hombre, para: mayor seguridad, "pusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra" (Mt 27, 66). Muchas veces los constructores del Mundo, por el cual Cristo quiso morir han tratado de poner una piedra definitiva sobre su tumba. Pero la piedra permanece siempre removida de su sepulcro; la piedra, testigo de la muerte, seha convertido en testigo de la Resurrección: "la diestra de Yavé ha hecho proezas" (Sal 117 [118], 16). La Iglesia anuncia siempre y de nuevo la Resurrección de Cristo. La Iglesia repite con alegría a los hombres las palabras de los ángeles y de las mujeres pronunciadas en aquella radiante mañana en la que la muerte fue vencida. La Iglesia anuncia que está vivo Aquel que se ha convertido en nuestra Pascua. Aquel que ha muerto en la cruz, revela la plenitud de la Vida (Juan Pablo II, Mensaje, 6 de abril de 1980).

Reflexión apostólica
 
Los discípulos corrieron al sepulcro vacío y creyeron. En mi vida diaria estoy llamado a correr, también, al encuentro del Señor. En la resurrección de Cristo tenemos la certeza de que nuestra vida no se acaba en el vacío. Nuestra existencia es un continuo peregrinar hacia el encuentro definitivo y eterno conDios. Nos hiciste Señor para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en ti (cf. San Agustín).
¿Qué fue lo que vio esa mañana? Seguramente la sábana santa en perfectas condiciones, no rota ni rasgada por ninguna parte. Intacta, como la habían dejado en el momento de la sepultura. Sólo que ahora está vacía, como desinflada; como si el cuerpo de Jesús se hubiera desaparecido sin dejar ni rastro. Entendió entonces lo sucedido: ¡había resucitado! Pero Juan vio sólo unos indicios, y con su fe llegó mucho más allá de lo que veían sus sentidos. Con los ojos del cuerpo vio unas vendas, pero con los ojos del alma descubrió al Resucitado; con los ojos corporales vio una materia corruptible, pero con los ojos del espíritu vio al Dios vencedor de la muerte.
Lo que nos enseñan todas lasnarraciones evangélicas de la Pascua es que, para descubrir y reconocer a Cristo resucitado, ya no basta mirarlo con los mismos ojos de antes. Es preciso entrar en una óptica distinta, en una dimensión nueva: la de la fe. Todos los días que van desde la resurrección hasta la ascensión del Señor al cielo será otro período importantísimo para la vida de los apóstoles. Jesús los enseñará ahora a saber reconocerlo por medio de los signos, por los indicios. Ya no será la evidencia natural, como antes, sino su presencia espiritual la que los guiará. Y así será a partir de ahora su acción en la vida de la Iglesia.

Eso les pasó a los discípulos. Y eso nos ocurre también a nosotros. Al igual que a ellos, Cristo se nos “aparece” constantemente en nuestra vida de todos los días, pero muy difícilmente loreconocemos. Porque nos falta la visión de la fe. Y hemos de aprender a descubrirlo y a experimentarlo en el fondo de nuestra alma por la fe y el amor.
Y esta experiencia en la fe ha de llevarnos paulatinamente a una transformación interior de nuestro ser a la luz de Cristo resucitado. “El mensaje redentor de Pascua -como nos dice un autor espiritual contemporáneo- no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior -por medio de los sacramentos- sin embargo, se realiza de manera positiva, con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu, la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, suma de todos los bienes mesiánicos; en una palabra, la presencia del Señor resucitado”.
En efecto, san Pablolo expresó con incontenible emoción en este texto, que recoge la segunda lectura de este domingo de Pascua: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria” (Col 3, 1-4). ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!
Propósito 
Haré una oración especial por todos mis familiares y compañeros difuntos. Demostraré mi alegría por la Resurrección de Jesús.
 
Diálogo con Cristo
 
Señor Jesucristo, te pido que nunca me separe de ti.Dame la gracia de amar y tratar a las demás personas con el amor y la bondad con que Tú lo has hecho. ¡Quédate siempre a mi lado, te necesito porque Tú mi fortaleza y mi esperanza. Señor, confío en Ti!
La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad. Benedicto XVI, audiencia, 26 de marzo de 2008)
 
Tomado de: Catholic.ne