Hermanos Templarios,
En nuestro encuentro anterior, analizamos con sobriedad los abismos de la soberbia. Hoy, sábado 17 de enero, nos corresponde mirar hacia la luz. Siguiendo las huellas de nuestro guía espiritual, San Bernardo de Claraval, profundizaremos en el tratado que define nuestra verdadera fortaleza: La Humildad.
Para San Bernardo, la humildad no es cobardía, sino la virtud por la cual el hombre se conoce a sí mismo en su verdad más profunda. Es el cimiento sobre el cual se construye la caridad. Si la soberbia es una caída, la humildad es un ascenso de doce peldaños que nos devuelve la libertad del alma.
Los 12 Grados de la Humildad: El Ascenso del Caballero
A continuación, desarrollamos estos grados con ejemplos prácticos para que cada hermano pueda evaluar su propia marcha en la fe.
1. El Temor de Dios (Vigilar el corazón)
Es tener siempre presente la mirada de Dios sobre nuestras acciones, evitando el pecado no por miedo al castigo, sino por amor al Padre.
Ejemplo: En la soledad de tu alcoba, actúas con la misma integridad que si estuvieras frente a todo el capítulo de la Orden, sabiendo que nada está oculto a la Justicia Divina.
2. Renunciar a la Propia Voluntad
No buscar satisfacer los caprichos personales, sino buscar lo que Dios desea para nosotros.
Ejemplo: Aceptar un cambio de planes que te incomoda con alegría, entendiendo que tu voluntad personal es secundaria frente al bien común o el servicio.
3. La Obediencia Perfecta
Someterse a los superiores por amor a Cristo, emulando Su obediencia hasta la muerte.
Ejemplo: Cumplir una tarea asignada por el Maestre de inmediato, sin murmurar ni intentar "mejorar" la orden para que se ajuste a tu comodidad.
4. La Paciencia en la Adversidad
Soportar las injusticias y las dificultades con serenidad, sin buscar venganza ni perder la paz.
Ejemplo: Recibir una crítica injusta de un hermano y, en lugar de defenderte con ira, guardar silencio y ofrecer ese sacrificio en oración.
5. La Confesión de las Faltas
Reconocer humildemente ante el confesor o el superior nuestras faltas ocultas y malos pensamientos.
Ejemplo: No ocultar tus debilidades por vergüenza, sino exponerlas con honestidad para que la luz de la verdad las sane.
6. Contentarse con lo más humilde
Aceptarse a sí mismo como un servidor indigno y estar satisfecho con las tareas más bajas de la comunidad.
Ejemplo: Estar tan dispuesto a limpiar los suelos del templo como a portar el estandarte en la procesión, sabiendo que todo servicio es sagrado.
7. Sentirse inferior a todos
No solo decirlo de palabra, sino creer sinceramente en el corazón que somos los más pequeños de entre los hermanos.
Ejemplo: Ver las virtudes de los demás y compararlas con tus propias flaquezas, reconociendo que cada hermano tiene algo que enseñarte.
8. Seguir la Regla Común
Evitar la "singularidad". No querer ser visto como "especial" realizando ayunos o rezos que no están mandados por la Regla para no alimentar el ego.
Ejemplo: Seguir los horarios y costumbres de la Orden con exactitud, sin buscar privilegios ni excepciones bajo la excusa de una "espiritualidad superior".
9. El Silencio
No hablar hasta ser preguntado. Es el control de la lengua para evitar la jactancia y la distracción.
Ejemplo: Escuchar atentamente en una reunión sin la necesidad de que tu voz sea la última en escucharse o la que domine la conversación.
10. La Modestia en la Risa
Evitar la risa fácil, escandalosa o burlona que nace de la superficialidad.
Ejemplo: Mantener la compostura y la alegría interior, pero sin caer en bromas que puedan herir la dignidad de otros o la solemnidad del lugar.
11. Hablar con Cordura y Sencillez
Cuando sea necesario hablar, hacerlo con pocas palabras, con voz baja y con humildad, sin gritos ni arrogancia.
Ejemplo: Al dar un consejo a un hermano menor, hacerlo con suavidad y pocas palabras, dejando que la verdad brille por sí misma y no por tu elocuencia.
12. Humildad en el Porte (La apariencia)
Que la humildad del corazón se refleje en el cuerpo: la mirada baja, el caminar pausado y la ausencia de orgullo en la postura.
Ejemplo: Caminar con respeto por el mundo, no con altanería, reconociendo que somos polvo y que nuestra única gloria es la Cruz.
Conclusión
Hermanos, la escalera de San Bernardo es exigente, pero cada peldaño que subimos nos acerca más a la verdadera libertad de los hijos de Dios. La humildad es nuestra arma más poderosa contra el enemigo, pues el demonio conoce la castidad y el ayuno, pero no conoce la humildad.
Fr+ Guillermo
Gran Prior Magistral de Venezuela
Non Nobis, Domine, Non Nobis, Sed Nomini Tuo Da Gloriam.

