martes, 7 de octubre de 2008

El Papa advierte sobre el daño que "cristianos incoherentes" producen en la Iglesia

Durante la Misa solemne presidida este domingo en la Basílica de San Pablo Extramuros para inaugurar el Sínodo sobre la Sagrada Escritura, el Papa Benedicto XVI lanzó una grave advertencia sobre el daño que producen a la Iglesia los cristianos incoherentes, que podría llevar al fin de las actuales regiones de tradición cristiana.
El Pontífice evocó durante su homilía las lecturas litúrgicas de este domingo -del profeta Isaías y la del Evangelio de Mateo- centradas en la imagen de la viña, y la describió como "una conmovedora alegoría de la alianza de Dios con su pueblo, en la que sin embargo el Señor recibe una respuesta indigna. No la simple desobediencia a un precepto divino, sino un verdadero rechazo de Dios".
"Esta denuncia de la página evangélica interpela nuestra forma de pensar y de actuar. En particular, a los pueblos que han recibido el anuncio del Evangelio. La historia nos muestra, no pocas veces, la frialdad y la rebelión de cristianos incoherentes", agregó.
Benedicto XVI recordó luego "aquellas primeras comunidades cristianas que parecían florecientes y que sin embargo desaparecieron, de las que queda un recuerdo sólo en los libros de historia". "¿No podría pasar lo mismo también en nuestra época? Naciones un tiempo ricas de fe y de vocaciones ahora van perdiendo su propia identidad, bajo la influencia deletérea y destructiva de cierta cultura moderna".
"Hay quien, habiendo decidido que 'Dios ha muerto', se declara él mismo 'dios', -prosiguió- considerándose como único artífice de su propio destino, propietario absoluto del mundo. Desembarazándose de Dios y no esperando de él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que le plazca y que puede presentarse como única medida de sí mismo y de su propia conducta".
El Santo Padre, sin embargo, interpeló: "Cuando el hombre elimina a Dios de su propio horizonte ¿es verdaderamente más feliz y más libre?", "Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de sí mismos y únicos dueños de la creación ¿pueden verdaderamente construir una sociedad donde reinen la libertad, la justicia y la paz? ¿No sucede, más bien - como demuestra ampliamente la actualidad cotidiana – que se extiendan el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en todas sus expresiones? En fin de cuentas, lo que sucede es que el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida".
En la emotiva homilía, que cargó la Basílica de San Pablo Extramuros de un reverente silencio, el Pontífice recordó sin embargo la promesa que hay en las palabras de Jesús, de que "la viña no será destruida", sino que el dueño la encomendará a otros servidores fieles.
"Ello indica –explicó-que, si en algunas regiones la fe se debilita hasta extinguirse, habrá siempre otros pueblos listos para acogerla".
"La viña seguirá, pues, produciendo uva y el dueño la arrendará a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo", agregó
Asociando el tema de la viña con la muerte y la resurrección del Señor Jesús, el Santo Padre destacó que "el consolador mensaje que recibimos de esos textos bíblicos es la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que el que vence al final es Cristo ¡Siempre! La Iglesia no se cansa de proclamar esta Buena Nueva, como ocurre también hoy, en esta Basílica dedicada al Apóstol de las gentes, el primero que difundió el Evangelio en vastas regiones de Asia menor y de Europa".
"Renovaremos, de forma significativa, este anuncio durante la XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos que tiene como tema: 'La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia'", agregó el Papa.
Al respecto, el Pontífice explicó "cuando Dios habla, solicita siempre una respuesta ya que su acción de salvación requiere la cooperación humana, pues su amor espera ser correspondido"; y destacó que "sólo la Palabra de Dios puede cambiar profundamente el corazón del hombre, por lo que es importante que los creyentes y las comunidades entren en una intimidad cada vez mayor con ella".
"Todos percibimos cuán necesario es poner en el centro de nuestra vida la Palabra de Dios, acoger a Cristo como único Redentor nuestro, como Reino de Dios en persona, para hacer que su luz ilumine cada ámbito de la humanidad: de la familia a la escuela, a la cultura, al trabajo, al tiempo libre y otros sectores de la sociedad y de nuestra vida".
"Participando en la Celebración eucarística, percibimos siempre los estrechos lazos que existen entre el anuncio de la Palabra de Dios y el Sacrificio eucarístico: es el mismo Misterio que se ofrece a nuestra contemplación", concluyó.

Fuente: http://www.ewtn.com/vnews/getstory.asp?number=91342

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