viernes, 12 de agosto de 2016

Templarios y templarismo

VoxTempli – 020115.- Y es que a finales del 2014 nos topábamos con una entrevista de un medio de comunicación canario a Bernard Reydellet, otro de los que se denominan “Gran Maestre Templario”, aunque en este caso con la singularidad que no lo hace de una orden sino del “Colegio Templario”.
Según Reydellet el “Colegio Templario” es una asociación creada en Francia en 1901 en las que sus miembros entran para “conocer en qué posición están dentro del universo”, para lo que previamente “tienen que tener una base para recibir las enseñanzas que les ayuden a comprender por qué están en un sitio en concreto. Tenemos el cuerpo encarnado pero lo más importante para nosotros es el alma que ha hecho que el cuerpo descienda para hacer algún tipo de misión”.
Siguiendo el patrón de todas estas asociaciones, no se definen masones, pero no rechazan los principios de la masonería: “las dos asociaciones somos totalmente independientes pero hay masones que se dirigen a nosotros. Tenemos buenos contactos con ellos pero ninguno con la masonería”, afirma Reydellet; que vuelve a insistir en la falsedad histórica de que la francmasonería nació del Temple medieval, obviando que  los templarios jamás hubiesen admitido la filosofía y creencias totalmente anticristianas de los francmasones; cuando realmente lo que sucedió es que  la francmasonería, imbuida por el movimiento de la “ilustración”,  usurpó los símbolos y tradiciones templarias en un siglo, XVIII o “ Siglo de las Luces”, donde triunfaba la creencia del poder de la razón humana frente a la fe y contra la iglesia católica.
Lo cierto es que aquella vieja Europa, que había visto a la todopoderosa Orden del Temple como ejemplo de sacrificio por la fe y de obediencia ciega al papado, no llegó a terminar de asimilar su repentina desaparición y mucho menos a admitir las explicaciones dadas para su suspensión por parte de la corona francesa y del papado. Con el transcurrir de los siglos muchos fueron los bulos que corrieron de boca en boca, de pueblo en pueblo, y la capa del misterio envolvió a esta Orden, precisamente ese misterio que bien supieron usar los “ilustrados” para dar forma, trascendencia e historia a ese invento de ricos al que llamaron francmasonería.
Hoy cualquier persona con dos dedos de frente entiende que el espíritu de la Orden del Temple no sólo no es el de la masonería, sino todo lo contrario. Un templario, al contrario de lo que hace un masón, jamás rebajaría a Jesucristo a la categoría de simple profesa, nunca renunciaría a hablar de Jesús en su entorno, a renunciar a Dios a cambio del Gran Arquitecto del Universo, a alcanzar la salvación eterna por medio de la doctrina masónica o tratar a la Biblia como un simple texto seudo histórico. Por eso jamás, jamás, la francmasonería podría provenir del Temple, porque salvo la apariencia externa usurpada, la filosofía, valores y objetivos entre francmasonería y Temple son diametralmente opuestos.
Entonces, ¿qué es y de dónde viene el Colegio Templario?
La respuesta la encontramos en sus propias fuentes, en el rito masónico “Estricta Observancia Templaria”, fundado en Alemania por el barón Karl Gotthelf von Hund und Altengrottkau  en el siglo XVIII; como vemos otra vez usurpando el término templario, donde en unas de sus páginas webs escriben: “Como consecuencia de disensiones aparecidas entre dignatarios todavía en funciones, el XXIII Gran Maestre se vio obligado a desmarcarse de la Orden Soberana del Templo Solar y de intentar continuar la misión bajo nuevas condiciones, salvaguardando su espíritu original. Un determinado número de miembros de la Orden Soberana del Templo Solar se reagrupan para constituir una asociación que actualmente se denomina Colegio Templario”, que no es la OTS  la secta que se dio a conocer en los años 90 con docenas de muertes de adeptos Centroeuropa, sino con la organización masónica que practica dicho rito.
Y es que en los albores del siglo XVIII  se celebra en Londres, el día de San Juan (24 de Junio de 1.717), una asamblea de francmasones que se da a conocer con el nombre de Gran Logia de Londres y mientras se desarrollaba esta joven masonería especulativa e intelectualista, en Alemania surge a su sombra la “Estricta Observancia Templaria (S.O.T.)”, de donde proviene el Colegio Templario.
La prueba del triple filtro para entrar en organizaciones templarias.
Es cierto que desde hace un tiempo a esta parte son muchas las personas interesadas en ingresar en alguna Orden de Caballería, como también muy variados los motivos de este interés, que en su mayoría obedecen a una aplicación más activa en la defensa de los principios y valores del catolicismo en una sociedad occidental laicista cada día más hostil hacia todo lo que huela a religión, especialmente si es católica; aunque también haya algunos intereses más espurios.
Las restricciones de acceso a las dos únicas Órdenes reconocidas por la Santa Sede como tal, Santo Sepulcro y Malta, que impiden formar parte de ellas a personas sin titulación académica o hidalguía, hace que estas personas fijen su atención en organizaciones templarias, algunas se llegan a autodenominar como Orden, que se sienten encantadas con esta situación que les permite crecer y crecer en miembros, aprovechando ese inusitado y creciente interés por las Órdenes y la limitación de acceso a las reconocidas oficialmente como tales por la Iglesia Católica.
Sin duda resulta muy difícil y arriesgado aconsejar a alguien a donde dirigir su interés para formar parte de alguna organización de las autodenominadas templarias, creemos que esto es una decisión personal exclusiva de la persona interesada, pero si podemos aconsejarles que antes de tomar su decisión hagan la prueba del “triple filtro” y con los resultados obtenidos tomen la decisión que crean más adecuada.
¿Qué es la prueba del “triple filtro”? Dicen que un día se acercó a Sócrates otro filósofo y le dijo:
- “Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?”
- “Un momento” respondió Sócrates. “Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Se llama la prueba del triple filtro”.
- “¿Triple filtro?”
- “Eso es”, continuó Sócrates. “Antes de contarme lo que sea sobre mí alumno, es una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme. El primer filtro es el de la VERDAD. ¿Estás completamente seguro que lo que vas a decirme es cierto?“
- “No, me acabo de enterar y…”
- “Bien”, dijo Sócrates. “Así que no sabes si es cierto lo que quieres contarme. Veamos el segundo filtro, que es el de la BONDAD. ¿Quieres contarme algo bueno de mi alumno?“
- “No. Todo lo contrario…”
- “Con que” le interrumpió Sócrates, “quieres contarme algo malo de él, que no sabes siquiera si es cierto. Aún puedes pasar la prueba, pues queda un tercer filtro: el filtro de la UTILIDAD. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar de mi alumno?“
- “No. No mucho.”
- “Por lo tanto” concluyó Sócrates, “si lo que quieres contarme puede no ser cierto, no es bueno, ni es útil, ¿para qué contarlo?”.
Por lo que siguiendo el consejo de Sócrates, también nosotros podríamos hacer una prueba del “triple filtro” antes de llamar a la puerta de cualquiera de la organizaciones denominadas templarias afincadas en España, por supuesto a ninguna que ni tan siquiera muestre simpatía por la masonería.
El primer filtro sería huir de cualquier organización, asociación, fundación u otra forma jurídica que, definiéndose como templaria, haga un uso ostentoso de uniformes, condecoraciones, títulos, nombramientos, tratamientos, etc. Sin duda nada más alejado del Temple que la pompa y la majestuosidad, la Orden del Temple podría ser rica y poderosa, pero sus miembros tenían voto de pobreza, no destacaban nunca por nada más que sus convicciones y una vez formaban parte de ella dejaban a un lado la vida y los lujos de su origen social.
Sin duda el segundo filtro sería apartarse de cualquier organización, asociación, fundación u otra forma jurídica, definiéndose como templaria, que se atribuya ser la legítima heredera de la Orden del Temple. Sencillamente porque no es verdad y si ya antes de entrar te mienten, malo.
Nada más falso que esta afirmación, pero de la que tanto se hace gala por parte de la gran mayoría de estas organizaciones. Por mucho que se nos jure y perjure, por muchos documentos que nos enseñen y por muchos pergaminos a los que se haga referencia, una cosa sí está clara, ninguna organización actual que se denomine templaria puede justificar ser la sucesora de la Orden del Temple.
Y por último, el tercer filtro y más importante que debemos hacer antes de dar el paso para solicitar el ingreso en cualquiera de estas organizaciones, es salir huyendo de aquellas que se atrevan a afirmar que están reconocidas por la Iglesia Católica. Esto sencillamente es mentira, como así lo manifestaba públicamente hace pocos meses la Santa Sede con unas aclaraciones respecto de las Órdenes de Caballería.
En ellas la Secretaría de Estado del Vaticano, en respuesta a las frecuentes peticiones de información sobre la posición de la Santa Sede ante las Órdenes de Caballería dedicadas a Santos o con títulos sagrados, considera oportuno reiterar lo que ya fue publicado anteriormente:
Además de las propias Órdenes de Caballería (Suprema Orden de Cristo, Orden de la Espuela de Oro, Orden Piana, Orden de San Gregorio Magno y Orden de San Silvestre Papa), la Santa Sede reconoce y tutela solamente a la Soberana Orden Militar de Malta -también conocida como Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta- y a la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, y no tiene intención de hacer innovaciones en este sentido.
Todas las otras “Órdenes” -sean de nueva institución o derivadas de las medievales- no son reconocidas por la Santa Sede, no pudiendo la misma hacerse garante de su legitimidad histórica y jurídica, de sus finalidades y de sus sistemas organizativos.
Para evitar equívocos desgraciadamente posibles, también a causa de la expedición ilícita de documentos y del uso indebido de lugares sagrados, y para impedir que se sucedan abusos que después resultan dañinos para muchas personas de buena fe, la Santa Sede confirma que no atribuye ningún valor a los diplomas de caballería y a las correspondientes insignias que sean expedidas por asociaciones no reconocidas, y no considera apropiado el uso de las iglesias y capillas para las llamadas “ceremonias de investidura”.
Seguramente, cuando pasemos este “triple filtro”, nos encontraremos con un grupo tan reducido de organizaciones que lo pasan, que nos sobrarían los dedos de una mano.
Nos encontraríamos así con otro tipo de organizaciones, asociaciones, fundaciones u otra forma jurídica que, definiéndose como templarias, lo hacen alejadas de toda ostentación, sabiendo que no son las sucesoras del Temple, reconocidas por la Iglesia como asociaciones de fieles,  y con ganas de trabajar e implicarse más activamente con la defensa de la libertad religiosa y los derechos de los cristianos en cualquier parte del mundo.
A pesar de ello, concientes de una realidad y unos hechos históricos, se constituyen para integrar a todas aquellas personas de bien que creen que la gran mayoría de los fines de la Orden del Temple de antaño, adaptados a la realidad de muchos siglos después, son válidos. Ahí están los cristianos que aún residen en Tierra Santa y que, como antaño lo hizo la Orden del Temple, necesitan del apoyo de sus hermanos de Occidente.
Estas serían las únicas organizaciones, aunque pequeñas, que trabajarían silenciosas y modestamente por dignificar el nombre de la Orden del Temple y restablecer el honor de los templarios. Sin duda un trabajo difícil, que costará muchos años en conseguir, pero por el que merece trabajar.
Tomado de: http://www.voxtempli.org/?p=4972

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