domingo, 23 de junio de 2013

OSMTH Preceptorías de Caracas: La tentación esotérica y el universali​smo cristiano

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Es una tentación antigua: dividir a la humanidad entre visionarios y ciegos, entre seres excepcionales e individuos vulgares, entre iniciados y profanos, entre iluminados e ignorantes.

¿Por qué tiene fuerza la tentación que podemos calificar como “esotérica”? Porque tiene un atractivo especial pensar que uno entra a formar parte de un grupo de escogidos y de superdotados.

Intentemos explicar esta tentación con la ayuda de una obra muy vendida en las últimas décadas: “El Alquimista” de Paolo Coelho.

Se trata de una novela publicada en Brasil el año 1988. Arrancó con una difusión modesta, pero pronto alcanzó un gran éxito de ventas en todo el mundo.

El protagonista es un joven pastor, Santiago, que empieza a descubrir su propia historia personal (o leyenda personal, según otras traducciones al castellano). Para hacerlo cuenta con la ayuda de sueños enigmáticos que empieza a comprender gracias a personajes misteriosos y llenos de sabiduría. Entre ellos destacan dos: un anciano rey de Salem, Melquisedec; y el famoso Alquimista que Santiago encuentra en un oasis perdido en medio del desierto del Sahara.

Dejamos de lado el complejo sistema de ideas que aparecen en la obra para fijarnos precisamente en el carácter de elegido que rodea a Santiago, y que le permite captar el “alma del mundo” al dejarse guiar por su corazón, gracias a la luz que recibe de sus maestros.

En el fondo de toda la trama, la humanidad queda dividida en dos grandes grupos. Unos (pocos) son seres extraordinarios, porque han conseguido un nivel superior de conocimientos y de estilo de vida, al haber sido seleccionados a entrever un saber especialmente poderoso. Otros, seguramente muchos, han quedado atados a la búsqueda de proyectos inferiores, por haber apagado la posibilidad de escuchar su corazón; por eso, tales personas no son capaces de percibir lo que éste les dice en sintonía perfecta con el “alma del mundo”.

Detrás de esta división se esconde una idea sencilla: existe un conjunto de verdades desconocidas para la mayoría (por culpa o sin culpa, esto sería otro tema) y accesibles a pocos. Para llegar a ellas los iniciados tendrían que recorren caminos extraordinarios, tal vez el de la alquimia (si uno se toma en serio la introducción que el mismo Coelho pone a su obra y otras alusiones en la marcha de la novela), o a través de algún otro de los muchos caminos esotéricos que prometen un conocimiento superior a sus seguidores.

Hemos calificado como “esotérico” este tipo de mentalidades y propuestas, sin usar tal palabra en un sentido técnico. Con “esotérico” indicamos ahora un modo particular de entender el mundo y la vida, en el cual se supone que conseguir un conocimiento superior, normalmente asequible a los iniciados, permite un estilo de vida mucho más valioso que el ordinario, ya que uno ha logrado acceder a saberes especiales que permiten desarrollar una existencia plenamente realizada.

Alguno pensará que el cristianismo también tiene algo de “esotérico”. ¿No se ofrece en el mismo un conocimiento especial, desde la fe, sobre Dios, sobre el mundo, sobre el hombre? Es cierto que se trata de un conocimiento especial, pero a diferencia de muchos grupos esotéricos tal conocimiento se ofrece en clave universalística: a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, de todas las razas y lenguas, sin necesidad de técnicas extrañas y sin recurrir a sueños, a magos, a alquimistas o a personajes parecidos.

En otras palabras, ser cristiano no consiste en llegar a un conocimiento extraordinario y misterioso asequible a pocos, ni en seguir las pistas de un guía fuera de lo común (como los que presenta Coelho). Más bien se trata de acoger un don universalístico, ofrecido por el mismo Dios Padre a toda la humanidad a través de la entrega de su Hijo en la cruz.

Por lo mismo, aunque en el cristianismo hay ideas y conocimientos maravillosos (recogidos sobre todo en el Credo), su diferencia respecto de las propuestas esotéricas es profunda.

En primer lugar, porque uno no empieza a ser cristiano desde sueños misteriosos ni con el encuentro de extraños personajes, sino con la ayuda de hombres y mujeres de cualquier edad o condición. La fe cristiana se puede aprender junto a la cocina, mientras papá y mamá preparan la cena, o al escuchar a un niño que explica quién es Jesús, o desde las palabras reposadas de un anciano que nunca terminó su escuela primaria pero que tiene una fe auténtica y sabe ofrecerla generosamente.

En segundo lugar, el cristianismo no busca un simple despertar de fuerzas escondidas en el alma (o en el corazón) de cada ser humano, pues sabe que esas fuerzas y ese corazón han de ser purificados y redimidos.

Según ha observado Ferdinando Castelli en un artículo que trata precisamente sobre “El Alquimista” de Coelho, no es correcto exaltar el corazón como el camino que permite entrar en la verdad el mundo, pues también del corazón, como señala la Biblia, proceden algunos de los males que afligen a los seres humanos (cf. F. Castelli, “El alquimista de Paulo Coelho recorre senderos del New Age”, revista “Humanitas”, edición electrónica).

Por eso el cristianismo va contra la tentación esotérica, aunque a lo largo de la historia no han faltado cristianos que han visto su propia fe (deformada) como un esoterismo reservado a pocos seres privilegiados. El verdadero cristianismo está abierto a todos: basta un poco de buena voluntad y la apertura a la acción de Dios en la propia existencia para que un hombre o una mujer pueda dar el paso maravilloso que lleva desde las tinieblas hacia la luz, desde la muerte del pecado hacia la vida verdadera.

Desclasificados: La absolución a los templarios

El vaticano publicó el “Pergamino de Chinon” donde revelaba que los templarios habían sido en primer lugar absueltos por el cargo de herejía por el papa Clemente para que después el mismo papa bajo presión del rey francés Felipe revocará su absolución y comenzará a perseguirlos y condenarlos en la hoguera por herejía.
El documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia. Este documento perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar.
pergamino chinon
Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, supuesto necesario para la reforma, se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó poniendo en marcha un verdadero mecanismo de chantaje que obligaría a Clemente V a dar un paso definitivo durante el concilio de Vienne (1312), donde acusa a la orden templaría de herejía, idolatría, homosexualidad y prácticas obscenas.
Tomado de:http://www.erroreshistoricos.com/curiosidades-historicas/religion/1428-desclasificados-la-absolucion-a-los-templarios.html 


La Regla del Temple

La Regla del Temple
El éxito de la primera Cruzada en Tierra Santa (1096-1099) desató un fervor religioso desconocido en toda Europa. Uno de los caballeros que tomó parte en aquellas primeras batallas fue el francés Hugues de Payns, al que se suele castellanizar como Hugo de Payns. Primo de san Bernardo de Claraval –autor de la reforma cisterciense– el piadoso noble de la Champaña vivió de primera mano aquella eclosión medieval en defensa de la fe cristiana y en 1120, al regresar de Jerusalén –donde compartió con otros ocho caballeros el lugar en el que la tradición situaba el Templo del rey Salomón– impulsó con ellos la creación de una nueva orden de monjes y soldados sin precedentes en el Viejo Continente: la Orden de los Caballeros del Templo de Salomón, para la defensa y la conservación de los Santos Lugares; a la que popularmente se la conoce como El Temple.

Una de las claves del éxito e influencia que logró esta institución religiosa y militar en tan poco tiempo fue gracias a su régimen interno de disciplina –la Regla templaria– que hizo compatible su actividad orante con la vida de milicia. Las primeras normas se escribieron en latín, por iniciativa del propio Payns (su primer Gran Maestre), aunque se suele atribuir su redacción al influyente Bernardo de Claraval. Se aprobaron en el Concilio de Troyes de 1129, donde obtuvieron el reconocimiento oficial por la Iglesia, pero se revisaron diez años después y sufrieron numerosas modificaciones en los siglos XII y XIII para adaptarse a las circunstancias de cada época y ser traducidas a las lenguas vernáculas, dando lugar a las diversas versiones que han llegado hasta nuestros días e incluso a distintos contenidos (como sucede al hablar de las pruebas de acceso a la Orden que debía llevar a cabo el postulante).

Según la llamada Regla Latina que aprobó el Patriarca de Jerusalén, se trataba de un texto normativo compuesto por una pequeña introducción y 72 capítulos. Como cualquier otra orden monástica, la Regla enumeraba sus obligaciones como frailes (oír el oficio divino, comer en el refectorio, leer la santa lección, guardar silencio tras las completas, etc.) pero también regulaba las penitencias por sus leves y graves culpas, los diezmos, la propiedad de tierras y hombres, la ejecución de lo que fuese justo, etc. Posteriormente, al incrementarse el número de miembros y de encomiendas (casas templarias) se tuvieron que aprobar nuevas cláusulas -los retrais- y estatutos para regular sus distintas actividades hasta que el poder y la influencia de la Orden se convirtieron en un peligro para el Papado y los reyes (especialmente, el francés) y en 1312, Clemente V ordenó su disolución en el Concilio de Viena. Su último Gran maestre, Jacques de Molay, fue acusado de simonía, herejía y sacrilegio y condenado a la hoguera donde ardió el 18 de marzo de 1314.
 
Con el paso de los siglos, la leyenda de aquellos caballeros -más preocupados por ayudar al prójimo que por salvar sus almas- se rodeo de una aureola de misterio y misticismo que ha perdurado hasta nuestros días.
 
Tomado del BLOG: Anécdotas y curiosidades jurídicas  http://archivodeinalbis.blogspot.com/2011/07/la-regla-del-temple.html

sábado, 22 de junio de 2013

24 de Junio: Nacimiento de San Juan Bautista

 

Nacimiento de San Juan Bautista
San Juan BautistaEste es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.
San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses - el 24 de diciembre - estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: "No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios".

Pero Zacarías respondió al ángel: "¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?".

El ángel le dijo: "Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla".

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor". Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia.

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: "Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es".

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego".

Y las gentes le preguntaron: "¿Qué es lo que debemos hacer?". Y contestaba: "El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo"…

"Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que ha de bautizaros en el Espíritu Santo…"

Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle "¿Tu quién eres?" El confesó claramente: "Yo no soy el Cristo" Insistieron: "¿Pues cómo bautizas?" Respondió Juan, diciendo: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que ha de venir después de mí…"

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: "¡Yo debo ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús, diciendo: "Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia". Entonces Juan condescendió con El.

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias".

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo a los que estaban con él: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo".

Entonces Juan atestiguó, diciendo: "He visto al Espíritu en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy testimonio de que El es el Hijo de Dios".

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo: "No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano"; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio.

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los fortaleciera en la fe.

Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: "Juan el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o esperamos a otro".

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les dijo: "Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio…"

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta. Pues de El es de quien está escrito: Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor que Juan el Bautista…"

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes.

Entonces el rey juró a la muchacha: "Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella salió fuera y preguntó a su madre: "¿Qué le pediré?" La adúltera, que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó: "Pídele la cabeza de Juan el Bautista". La muchacha entró de nuevo y en seguida dijo al rey: "Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se pudo muy triste porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había solicitado.

Juan Bautista: pídele a Jesús que nos envíe muchos profetas y santos como tú

domingo, 16 de junio de 2013

Feliz Día del Padre.

 
La OSMTH de Venezuela Linea Porto, quiere extender en este dia unas calurosa felicitaciones a todos los padres, siguiendo el ejemplo de San José, patrono universal de la Iglesia  dispuesto a realizar los planes divinos, incluso cuando el hombre es incapaz de comprenderlos es para todos los creyentes especialmente los padres  un modelo de vida en la fe.

Que Dios los Bendiga a Todos y quienes hacen las funciones de padres hoy día.
 
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Carta de un padre socialista a su hijo sobre la enseñanza de la religión

El socialista Jean Jaurés nació en 1859 en Castres, Francia. Fue diputado por el Partido Obrero Francés en 1889, manteniéndose como parlamentario hasta 1898. Posteriormente fue elegido también en las elecciones de 1902, 1906, 1910 Y 1914. Murió en 1914.
En 1904 fundó el periódico L'Humanité. En 1905 consigue unir bajo su liderazgo a los socialistas franceses, formando la Sección Francesa de la Internacional Obrera. Fue precisamente el diario L'Humanité el que publicó esta carta dirigida a su hijo que reproducimos. Este texto fue citado por Pildain en la Cortes Constituyentes de la II República española (Diario de Sesiones, 1 de marzo de 1933. La carta fue entregada a los taquígrafos de las Cortes para que en las actas después de la intervención de Pildain.), y ha llegado hasta nosotros a través de Carlos Garda Andoín, coordinador nacional de «Cristianos en el PSOE», a quien se la hizo llegar Michel Santamarina. antiguo militante de la HOAC de Sestao (Bilbao).
«Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te la enviaré jamás.
No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión.
Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo seria completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?
Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos de los romanos, y ¿ qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau-.
Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.
¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesar/o: la religión está Íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple "savoir vivre", hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.
Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.
Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad, exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación».

Noticias Obreras, núm. 1.371 (1-11-2004/15-11-2004), pg. 40.

COMUNICADO: AMEMOS NO SOLO DE PALABRA SINO CON HECHOS Y CONFORME A LA VERDAD

COMUNICADO: AMEMOS NO SOLO DE PALABRA SINO CON HECHOS Y CONFORME A LA VERDAD (1ª carta de Juan 3,17)
1.- Los Obispos de Venezuela conscientes de la gravedad del momento que vive el país, creemos que la situación a la que ha llegado debe mover a todos los venezolanos a una reflexión serena con una actitud de respeto y diálogo. "El que odia a su hermano es un homicida" (1Jn. 3,15). Nuestro Señor Jesús nos invitó a tener un corazón lleno de paz, desterrando el odio, la maledicencia, la agresión y la violencia que conducen a caminos de destrucción y de muerte. Nuestra fe cristiana nos invita a ser instrumentos de paz, de perdón y de reconciliación.
2.- Reiteramos lo dicho en nuestro Comunicado del 17 de abril, en el que constatábamos de manera más evidente, la nueva realidad política: estar divididos en dos mitades prácticamente iguales, como ha quedado en evidencia en las últimas elecciones presidenciales. Por eso reafirmamos: "la paz social y política del país reclama el recíproco reconocimiento de los dos sectores mayoritarios del pueblo venezolano, pues el desconocimiento mutuo hará inviable tanto los planes del gobierno como los aportes alternativos de la otra parte".
3.- Los agudos problemas del país, - la violencia diaria, callejera o política, la inseguridad, la deficiencia de los servicios públicos y la crisis económica-, requieren ser afrontados desde el entendimiento entre las partes, pues ninguna de ellas es autosuficiente por sí sola para resolver los problemas del país.
4.- El respeto y la justicia deben prevalecer en el trato entre los ciudadanos y las instituciones, dejando a un lado la prepotencia y el fanatismo, los prejuicios y las acusaciones infundadas. Un lenguaje excluyente, ofensivo y amenazante, causa miedo e indignación en la población y puede provocar reacciones sociales lamentables. Hacemos nuestra la petición de la mayoría de los venezolanos para que cesen la represión, el hostigamiento, el acoso y despidos injustificados de los empleados públicos y la violencia por razones políticas. Opinar en contra o disentir del proyecto oficial no deben ser motivos para temer la pérdida de la libertad, el puesto de trabajo, la vivienda o cualquier otro derecho ciudadano.
5.- Las agresiones físicas de algunos diputados en la Asamblea Nacional son un acto de violencia que causa tristeza y vergüenza. ¡Venezuela no se merece espectáculos tan bochornosos! Hechos como estos desnaturalizan la identidad del Parlamento y ponen en riesgo un ámbito esencial de diálogo, discusión y propuestas en una sociedad democrática.

6.- Rechazamos categóricamente la criminalización de la protesta pacífica consagrada en la Constitución. Percibimos, en efecto, que la inmensa mayoría de la población exige de todos los agentes políticos y sociales, una información equilibrada, y que corresponda a la verdad, fundamento de toda credibilidad y confianza en ellos y en las instituciones que representan. No se construye nada válido a partir de falsedades, mentiras o medias verdades. Escuchemos al Papa Francisco: "invito al querido pueblo venezolano, especialmente a quienes toman las decisiones y a los responsables políticos a rechazar firmemente cualquier tipo de violencia, y a establecer un diálogo basado en la verdad, de reconocimiento mutuo, en la búsqueda del bien común y el amor por la nación".
7.- Cada venezolano, pero en primer lugar las autoridades, tienen la obligación de proteger la vida, mantener la esperanza y sostenerla con coraje, constancia y verdad. Hoy más que nunca es necesario apoyar y respetar el trabajo de las Organizaciones No Gubernamentales, que se comprometen en la defensa de los derechos humanos.
8.- Invitamos a todos los creyentes a redoblar la oración a Dios por la reconciliación y la paz; y, al mismo tiempo, a trabajar y ser eficaces en el amor al prójimo con gestos de respeto, perdón y solidaridad, sin ninguna distinción. Invocamos sobre todos los venezolanos las bendiciones de Dios que nos hace hermanos y la protección de la Santísima Virgen de Coromoto, nuestra Patrona.
Con nuestra bendición,
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 2 de mayo de 2013.

Tomdao de: http://www.cev.org.ve/noticias_det.php?id=3808