La orden de los Caballeros Templarios era perseguida por la Inquisición Católica y muchos de sus integrantes fueron arrestados un día como hoy, en Francia, en el año 1307. Se dice que de este hecho histórico surge la superstición y el temor a los viernes 13.
La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, cuyos miembros eran conocidos como Caballeros Templarios, fundada a fines de la década del 1110 por nueve caballeros franceses, fue una de las órdenes militares cristianas más poderosas de la Edad Media. Aprobada por la iglesia católica en el año 1129, creció rápidamente en tamaño y poder, manteniéndose activa por casi dos siglos. Se los conoce por su participación en las Cruzadas, campañas militares con el objetivo de restablecer el control cristiano sobre Tierra Santa; y por crear nuevas técnicas financieras, consideradas el antecedente de los bancos.
El viernes 13 de octubre de 1307, una gran cantidad de templarios fueron arrestados, torturados y quemados en la hoguera. En 1312, la orden se disolvió y dos años después, el 18 de marzo de 1314, el gran maestre de la Orden, Jacques de Molay, fue ejecutado.
La repentina erradicación de la Orden de los Caballeros Templarios se mantiene como un misterio hasta el día de hoy. -------------- Hoy desde este espacio la Orden en Venezuela quiere dedicar un minuto de oración por los hermanos templarios que fueron torturados y muertos desde ese día del 13 de Octubre de 1307
Oración del Templario antes de la Batalla.
Dios , mi señor,consigue con mi espada,que aquellos que
te buscan te encuentren.
Dame fuerza para los desalentados,dame esperanza para los oprimidos,dame
misericordia
para los arrepentidos , sobre todo da tormento para los perversos y ante todo
da justicia a los excluidos.
Tomado de: https://ve.tuhistory.com/hoy-en-la-historia/los-caballeros-templarios-son-perseguidos-y-arrestados-por-la-santa-inquisicion
En la Edad Media el rey Felipe IV de Francia, con el apoyo del papa Clemente V, ordenó las redadas para detener a todos los Templarios del país el viernes 13 de octubre de 1307, hecho al que se atribuye la leyenda de los malos augurios asociados a este día de la semana cuando cae en 13. El asalto a los templarios alcanzó una gran notariedad a causa de las escabrosas acusaciones que se les imputaron, la tortura a los que los sometieron los inquisidores.
Otros historiadores sugieren que el origen de la superstición es cristiano y se remonta a la Última Cena, que tuvo trece comensales (Jesús y sus doce discípulos), y tras la cual se produjo lugar la crucifixión de Jesús, precisamente en viernes.
Curiosamente, el viernes es el día de la semana que más veces ha coincidido en día 13 a lo largo de la historia. Según el calendario gregoriano, cada 4.800 meses el día 13 ha caído 688 veces en viernes, frente a 685 en lunes o martes, por ejemplo.
TEMPLARIO de Venezuela, te invitamos a unirte el Domingo EN FAMILIA o en Grupo, a las 5:00pm a rezar el Rosario y formar parte de esta cadena de oración por un mundo mejor.
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Unir en el rezo del Santo Rosario a muchos niños y jóvenes; los 18 de octubre de cada año, a las 9 de la mañana, desde las familias, las parroquias y los colegios, para orar por la unión y la paz. Esto lo hemos venido realizando desde el año 2.005 con gran éxito; por medio de la campaña del "Consejo Nacional de Laicos de Venezuela" llamada "Un Millón de Niños Rezando el Rosario por la Unión y la Paz".
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Al
amanecer del 13 de octubre de 1307 se produjo en Francia un acontecimiento de
un alcance considerable: todos los templarios franceses fueron arrestados en
sus residencias. El rey de Francia, Felipe el Hermoso, de quien Bernard
Saisset, obispo de Pamiers, dijo «no es ni un hombre ni un animal,
sino una estatua», organizó la redada con mano de hierro.
El
arresto Considerando
inaceptable la presión política ejercida por los templarios, y deseoso de
apoderarse de sus riquezas, como se había apoderado ya de las de los judíos
franceses en 1306, el rey no dudó en destrozar una orden de caballería que
contaba con doscientos años de antigüedad, fundándose en «presunciones e
intensas sospechas».
Guillermo
de Nogaret fue encargado de dirigir la investigación. El día 14 de octubre, el
rey hizo difundir desde París un manifiesto en el que explicaba que los
templarios detenidos eran culpables de idolatría, de apostasía, de prácticas
sexuales vergonzosas y de ritos abominables.
El
monarca tampoco dudó en utilizar a hermanos predicadores para convencer a la
población parisina de lo bien fundado de dichas acusaciones, ni en escribir
varias cartas para conseguir que los gobiernas extranjeros detuviesen a tos
templarios en sus propios Estados. A pesar de ser yerno de Felipe el Hermoso,
el rey de Inglaterra, Eduardo II, se apresuré a poner en guardia a varios
soberanos a propósito de las calumnias propagadas por el rey de Francia. A
partir del 19 de octubre, y hasta el 24 de noviembre de 1307, el inquisidor
Guillermo de París interrogó a 138 templados en la sala capitular del Temple de
Paris, muriendo 36 de ellos como consecuencia de las torturas que les fueron
infligidas.
La actitud del papa El
papa Clemente V protestó débilmente contra estos suplicios en una carta del 27 de octubre de 1307, y el día 22 de noviembre ordenó a todos los
príncipes cristianos la detención de los templados que habitasen en sus
territorios. En febrero de 1308, cuando iban a ser puestos a disposición del
poder pontificio (pues Clemente V reclamaba también sus bienes,, los templarios
franceses revocaron las confesiones hechas con anterioridad. En marzo de ese
mismo año, Felipe el Hermoso convocó los Estados Generales en Tours donde reiteré su condena. En mayo, el papa se entrevisté con el rey de Francia,
que no se mostraba dispuesto a ceder la fortuna del Temple. Presionado por el
rey para que juzgase a la orden con la mayor severidad, Clemente y fue
cediendo. Repuso en sus cargos a los inquisidores a los que había depuesto, e
instituyó comisiones eclesiásticas, la primera de las cuales abrió sus sesiones
en Paris, en agosto de 1309.
La
pira Después del juicio del maestre de la orden, Jacques de Molay, los
templarios intentaron organizar su defensa. El rey reaccionó. El 12 de mayo de
1310, algunos templados fueron quemados cerca de la puerta de Saint-Antoine.
Durante el concilio de Viena, el 22 de marzo de 1312, y cediendo a las
presiones de Felipe el Hermoso, Clemente V hizo aprobar la supresión de la
orden, cuyos bienes fueron entregados a la del Hospital. Y el siniestro proceso
alcanzó su punto culminante el 18 de marzo de 1314, día
¿quiénes eran los templarios? Agrupados en torno a Hugo de Payens,
algunos caballeros hicieron el voto de proteger los caminos que llevaban a
Jerusalén, recuperados por los cruzados en el 1099. En 1119-1120, se fundó la
orden del Temple en el mismo Jerusalén, donde se organizó y se dotó de su
primera regla. Reconocida en 1128 por el concilio de Troyes, al que asistió San
Bernardo, la orden conoció acto seguido un gran éxito, gracias sobre todo al
notable organizador que fue Robert de Craon, quien obtuvo del papa numerosos e
importantes privilegios, y en especial una total independencia con relación a
los obispos. La expansión de aquellos «caballeros pobres de Cristo» fue
extraordinaria Guerreros, protectores de los caminos, banqueros, administradores
y constructores, los templarios se implantaron en toda Europa, llegando a
reunir una fortuna considerable
¿Por qué se enfrentó el rey con ellos? En la época de Felipe el Hermoso, las
finanzas reales tenían la consistencia de una verdadera vorágine. Además, el
rey de Francia parecía obsesionado por el problema del dinero, que buscaba
incansablemente allí donde pudiese encontrarse, no dudando en apoderarse de él
mediante la manipulación en provecho propio de las leyes civiles y religiosas.
La malsana avaricia del monarca, observada ya por sus contemporáneos, es
reconocida en la actualidad por todos los historiadores objetivos La desgracia
de los templarios consistió en poseer riquezas sobrestimadas, por otra parte,
por el mismo rey. El papa Clemente y no parecía menos interesado en ellas que
el rey de Francia, quien no logró plenamente su objetivo, pues una parte
importante de los bienes de los templarios acabaría en manos o los
hospitalarios.
¿Por qué no se defendieron? Los templarios se vieron traicionados
sir duda, por miembros de la orden ávidos de lo: bienes materiales y
espirituales a los que no tenían acceso, y confiados en que el rey de Francia
sabría agradecerles su prevaricación La mayoría de las encomiendas de la orden
en Europa eran grandes dominios rurales muy pacíficos de aspecto y fortificados
en menor escasa medida. En realidad, los caballeros de] Temple no constituían
una fuerza militar capaz de oponerse a una intervención de las tropas reales.
Y, según parece, los templarios se vieron sorprendidos por la amplitud de las
detenciones, y no adivinaron en ningún momento el trágico destino que de ellas
derivaría
¿Como fue el proceso y de que lo acusaron? Más allá de ciertas rencillas del
soberano contra el Gran Maestre y de la deuda del monarca, ambos (rey y papa)
ansiaban la riqueza acumulada a lo largo de los siglos por los “pobres
caballeros de Cristo”. Y nada mejor que aliarse para combatir un
enemigo común y, luego, repartirse el botín. Además, la estrategia estaba
servida: la Inquisición se encontraba en su apogeo y, por ende, bastaba con
acusar de hechicería a la Orden y poner en marcha el macabro mecanismo, para
que los Templarios fueran abandonando este mundo, la orden decayera y su
inmensa riqueza pasara a mejores manos (por lo menos, en opinión del papa y del
rey) Clemente V, sin un leve dejo de piedad cristiana y sin hacerse rogar,
redactó una lista de acusaciones (basadas en testimonios de espías infiltrados
en la Orden y en la confesión de un Templario arrepentido) y envió órdenes
selladas y secretas con tales imputaciones con la imposición de ser abiertas el
13 de octubre de 1307.
Al
amanecer de aquel día, los documentos sellados se abrieron y se encontraron
acusaciones varias hacia los Templarios. Tiempo atrás, habían servido para
defender el poder de la Iglesia y, por ende, del papa. En 1307, su poder y su
riqueza eran excesivos y Clemente V no vaciló en ordenar su impiadosa matanza,
justificada” por una larga lista de inculpaciones infundadas. Las acusaciones
contenían 127 artículos, que se dividían en 18 bloques cuyos títulos fueron los
siguientes:
Negación de Cristo en las recepciones.
Negación de la divinidad de Cristo.
Escarnio de la cruz
Adoración de un gato.
Negación de la eucaristía.
Omisión de las palabras de la consagración durante la misa.
Facultad de los grandes dignatarios de la orden para absolver los pecados.
Besos obscenos. Secretismo en las ceremonias de recepción.
Homosexualidad. Adoración de ídolos.
Cuerdas o collares para colgarse de los ídolos.
Las
confesiones de los Templarios. Negligencia de los frailes en corregir sus
errores. Juramentos sobre el progreso material de la orden. La fama general
contra la orden. A partir de allí, lo que sigue es fácil de deducir: los
caballeros de la Orden fueron detenidos, brutalmente torturados (como
correspondía a la noble institución de la Inquisición) y, muchos de ellos
quemados vivos en la hoguera con leña verde, atroz pena reservada para los
herejes y los brujos. Por supuesto, bajo la tortura, los Templarios habían
confesado ser culpables de las múltiples acusaciones que se les imputaban. Es
difícil no darle la razón a alguien que utiliza como método de persuasión una
tenaza para apretar los pulgares o carbones al rojo vivo sobre el cuerpo.
¿Se puede conceder crédito a sus declaraciones? Absolutamente ninguno. Los documentos
del proceso, muy conocidos en la actualidad revelan tan sólo dos hechos
esenciales: los acusados fueron torturados atrozmente, y las pretendidas
«confesiones» no se obtuvieron más que en Francia. Muchos miembros de la orden
declararon todo lo que se les exigió para salvarse del suplicio o de la muerte
Sin embargo, algunos de ellos, con un notable valor aceptaron el sacrificio
supremo para defender la reputación de la orden.
¿Existe Un Secreto de los templarios? Orden caballeresca, los templarios
aplicaban en la práctica una regla que no era revelada más que a sus miembros,
y celebraban también ritos cuyos fundamentos iniciaticos son innegables. En
este sentido solamente se puede hablar de un «secreto», a saber, la propia
regla vital del Temple, cuyos diversos aspectos eran comunicados a los adeptos
a medida que se iba produciendo su ascenso en la jerarquía Los diferentes ritos
de los templarios fueron conscientemente deformados en las acusaciones
planteadas contra ellos, en las que se re— produjeron las calumnias utilizadas
habitualmente por cualquier poder contra aquella comunidad que se desea
destruir.
¿Se vengó Jacques de Molay? Solamente 31 días después del
asesinato de Jacques de Molay, el papa Clemente y murió en el castillo de
Roquemaure, en el valle del Ródano. Y el 29 de noviembre del mismo año Felipe
el Hermoso sucumbiría como consecuen3ia de una apoplejía. Estos dos
fallecimientos constituyeron un giro tanto en la historia del papado como en la
del reino de Francia. Según la leyenda, Jacques de Molay les habría maldecido,
emplazándolos a comparecer ante el tribunal de Dios en el plazo de seis meses.
¿Desaparecieron los templarios? La destrucción de la orden del Temple
en Francia no se vio acompañada, en otros lugares, por la muerte de todos los
templarios. Algunas ramas de la orden continuaron existiendo en otros países de
Europa. Y no se puede negar, por otra parte, las estrechas vinculaciones de los
templarios con las comunidades de constructores que conocieron una prolongación
histórica con los gremios y ciertos ritos masónicos.
Fuente
Consultada: El Gran Atlas de la Historia Universal
El vaticano publicó el “Pergamino de Chinon” donde revelaba que los templarios habían sido en primer lugar absueltos por el cargo de herejía por el papa Clemente para que después el mismo papa bajo presión del rey francés Felipe revocará su absolución y comenzará a perseguirlos y condenarlos en la hoguera por herejía.
El documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia. Este documento perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar.
Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, supuesto necesario para la reforma, se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó poniendo en marcha un verdadero mecanismo de chantaje que obligaría a Clemente V a dar un paso definitivo durante el concilio de Vienne (1312), donde acusa a la orden templaría de herejía, idolatría, homosexualidad y prácticas obscenas.
El éxito de la primera Cruzada en Tierra Santa (1096-1099) desató un fervor religioso desconocido en toda Europa. Uno de los caballeros que tomó parte en aquellas primeras batallas fue el francés Hugues de Payns, al que se suele castellanizar como Hugo de Payns. Primo de san Bernardo de Claraval –autor de la reforma cisterciense– el piadoso noble de la Champaña vivió de primera mano aquella eclosión medieval en defensa de la fe cristiana y en 1120, al regresar de Jerusalén –donde compartió con otros ocho caballeros el lugar en el que la tradición situaba el Templo del rey Salomón– impulsó con ellos la creación de una nueva orden de monjes y soldados sin precedentes en el Viejo Continente: la Orden de los Caballeros del Templo de Salomón, para la defensa y la conservación de los Santos Lugares; a la que popularmente se la conoce como El Temple.
Una de las claves del éxito e influencia que logró esta institución religiosa y militar en tan poco tiempo fue gracias a su régimen interno de disciplina –la Regla templaria– que hizo compatible su actividad orante con la vida de milicia. Las primeras normas se escribieron en latín, por iniciativa del propio Payns (su primer Gran Maestre), aunque se suele atribuir su redacción al influyente Bernardo de Claraval. Se aprobaron en el Concilio de Troyes de 1129, donde obtuvieron el reconocimiento oficial por la Iglesia, pero se revisaron diez años después y sufrieron numerosas modificaciones en los siglos XII y XIII para adaptarse a las circunstancias de cada época y ser traducidas a las lenguas vernáculas, dando lugar a las diversas versiones que han llegado hasta nuestros días e incluso a distintos contenidos (como sucede al hablar de las pruebas de acceso a la Orden que debía llevar a cabo el postulante).
Según la llamada Regla Latina que aprobó el Patriarca de Jerusalén, se trataba de un texto normativo compuesto por una pequeña introducción y 72 capítulos. Como cualquier otra orden monástica, la Regla enumeraba sus obligaciones como frailes (oír el oficio divino, comer en el refectorio, leer la santa lección, guardar silencio tras las completas, etc.) pero también regulaba las penitencias por sus leves y graves culpas, los diezmos, la propiedad de tierras y hombres, la ejecución de lo que fuese justo, etc. Posteriormente, al incrementarse el número de miembros y de encomiendas (casas templarias) se tuvieron que aprobar nuevas cláusulas -los retrais- y estatutos para regular sus distintas actividades hasta que el poder y la influencia de la Orden se convirtieron en un peligro para el Papado y los reyes (especialmente, el francés) y en 1312, Clemente V ordenó su disolución en el Concilio de Viena. Su último Gran maestre, Jacques de Molay, fue acusado de simonía, herejía y sacrilegio y condenado a la hoguera donde ardió el 18 de marzo de 1314.
Con el paso de los siglos, la leyenda de aquellos caballeros -más preocupados por ayudar al prójimo que por salvar sus almas- se rodeo de una aureola de misterio y misticismo que ha perdurado hasta nuestros días.
¿Se humillaría por fin Jacobo de Molay e imploraría piedad? Y el rey Felipe el Hermoso, con un gesto de postrera clemencia, ¿concedería gracia a los condenados?
El rey hizo un ademán y en su mano se vio chisporrotear una sortija. Alán de Pareilles repitió el gesto en dirección al verdugo, y éste hundió el blandón de estopa entre los haces de la hoguera. Un inmenso suspiro escapó de miles de pechos, suspiró entremezclado de alivio y de horror, de turbio gozo, de espanto, de angustia, de repulsión y de placer.
Numerosas mujeres lanzaron un chillido. Algunos niños ocultaron el rostro entre el vestido de sus padres. Una voz de hombre gritó:
-¡Ya te dije que no vinieras!
El humo comenzó a elevarse en espesas espirales, que una ráfaga de viento empujó hacia la galería. Monseñor de Valois comenzó a toser de la manera más ostensible. Retrocedió hasta Nogaret y Marigny y dijo:
-Si esto sigue así, nos ahogaremos antes de que vuestros Templarios se hayan quemado. Por lo menos podríais haber puesto leña seca. Nadie dio oídos a su observación. Nogaret, con los músculos en tensión y la mirada ardiente, saboreaba ásperamente su triunfo. Aquella hoguera esa la coronación de siete años de luchas y de viajes agotadores, de millares de palabras pronunciadas para convencer, de millares de páginas escritas para probar. “Arded, quemaos”, pensaba. “Bastante tiempo me habéis tenido en jaque. Mía era la razón, y vuestra es la derrota.”
Enguerrando de Marigny, imitando la actitud del rey, se forzaba en permanecer empasible y en considerar este suplicio como una necesidad del poder. “Era preciso, era preciso”, se repetía. Pero viendo morir a aquellos hombres, no podía dejar de pensar en la muerte, en su muerte.
Los dos condenados ya no eran obstrucciones políticas.
Hugo de Bouville oraba a hurtadillas.
El viento cambió de dirección y la humareda, cada momento más espesa y alta, rodeó a los condenados, y los ocultó casi a la multitud. Se oyó toser y carraspear a los dos ancianos, sujetos a sus respectivos postes.
Luis de Navarra se echó a reír estúpidamente, frotándose los ojos enrojecidos.
Su hermano Carlos, el menor de los hijos del rey desviaba la vista. El espectáculo le resultaba visiblemente penoso. Tenía veinte años; era esbelto, rubio y sonrosado, y los que conocieron a su padre a la misma edad, decían que se le parecía de una manera notable, aunque era menos vigoroso y menos autoritario, como una réplica disminuida de un gran modelo. Tenía la apariencia, pero le faltaba el temple y los dones del carácter.
-Acabo de ver luz en tu casa, en la torre – dijo a Luis a media voz.
-Es la guardia, seguramente, que también quiere alegrarse la vista.
-De buen grado les cedería mi lugar – murmuró Carlos.
-¿Cómo? ¿No te divierte ver asarse al padrino de Isabel? – preguntó Luis de Navarra.
-Es verdad que Molay era padrino de nuestra hermana – murmuró Carlos.
-Luis, callaos – dijo el rey.
Para disipar el malestar que lo invadía, el joven príncipe Carlos se esforzó por concentrar su pensamiento en su objeto placentero. Se puso a soñar con su mujer, Blanca, con la maravillosa de Blanca, con el cuerpo de Blanca, con sus delicados brazos que se tenderían hacia el dentro de poco, para hacerle olvidar esa atroz visión. Pero no pudo evitar que se interpusiera un doloroso recuerdo: los dos hijos que Blanca le había dado habían muerto recién nacidos, dos criaturas que veía ahora inertes, en sus bordados pañales. ¿Tendría la suerte de que Blanca tuviera otros hijos y de que viviesen?
Los gritos de la turba lo sobresaltaron. Las llamas acababan de brotar de la leña. A una orden de Alán de Pareilles, los arqueros apagaron sus antorchas en la hierba y la noche quedó iluminada solamente por la hoguera.
Las llamas alcanzaron primero al preceptor de Normandía. Hizo un patético gesto de retroceso cuando las lenguas de fuego comenzaron a lamerlo, y su boca se abrió como si tratara de respirar el aire que huía de él. A pesar de las ligaduras, su cuerpo casi de dobló en dos. Cayó la mitra de papel y se consumió en un instante. El fuego iba envolviéndolo. Luego, una nube de humo gris lo engulló. Cuando se hubo disipado, Godofredo de Charnay ardía, gritando y jadeando, y tratando de desprenderse de aquel poste fatal que temblaba sobre su base. Se veía que el gran maestre lo alentaba, pero la turba rugía con tal fuerza para sobreponerse al horror, que no pudo percibirse más que la palabra “hermano”, pronunciada dos veces. Los ayudantes del verdugo corrían de un lado para otro dándose empellones, en busca de nuevos haces de leña, y atizando la fogata con largos garfios de hierro.
Luis de Navarra, cuyo pensamiento funcionaba siempre con retraso, preguntó a su hermano:
-¿Estás seguro de que había luz en la torre de Nesle? Y no la veo. Y por un momento una preocupación pareció cruzar su mente.
Enguerrando de Marigny se había cubierto los ojos con la mano para protegerse del fulgor de las llamas.
-¡Hermosa imagen del infierno nos dais, Nogaret! – dijo monseñor de Valois -. ¿Acaso pensáis en vuestra vida futura?
Guillermo de Nogaret no respondió.
La hoguera se había convertido en horno y Godofredo de Charnay no era más que un objeto ennegrecido. Crepitante, henchido de burbujas, se deshacía lentamente en cenizas, se volvía ceniza.
Algunas mujeres se desvanecieron. Otras se acercaron presurosas a la ribera, para vomitar casi en las mismas narices del rey. La turba, después de tanto griterío, se había calmado. Algunos comenzaban a extasiarse porque el viento se obstinaba en soplar del mismo lado de modo que el gran maestre no había sido tocado aún. ¿Cómo podía resistir tanto tiempo? A sus pies, la hoguera parecía intacta.
Luego, de pronto, un hundimiento en el brasero hizo que las llamas, reavivadas, brincaran hacia él.
-¡Ya está! ¡Ahora le toca a él! –gritó Luis de Navarra. Los grandes y fríos ojos de Felipe el Hermoso tampoco pestañeaban en ese momento.
De pronto, la palabra del gran maestre atravesó la cortina de fuego, y como si se dirigiera a todos y a cada uno de los presentes prodújoles el efecto de una bofetada en pleno rostro. Con irresistible fuerza, como la había hecho en Notre Dame, Jacobo de Molay gritó:
-¡Oprobio, oprobio! ¡Estáis viendo morir a inocentes! ¡Caiga el oprobio sobre vosotros! ¡Dios os juzgará!
Las llamas lo flagelaron, quemando su barba, calcinaron en un segundo la mitra de papel e iluminaron sus blancos cabellos. La multitud aterrorizada, había enmudecido. Se diría que estaban quemando a un loco profeta.
De su boca en llamas tronó espantosa su voz:
-¡Papa Clemente!... ¡Caballero Guillermo de Nogaret!... ¡Rey Felipe!... ¡Antes de un año y os emplazo para que comparezcáis ante Dios, para recibir vuestro justo castigo!... ¡Malditos, malditos! ¡Malditos hasta la decimotercera generación de vuestro linaje!
Las llamas penetraron en la boca del gran maestre y sofocaron su último grito. Luego, durante en tiempo que pareció interminable, se debatió contra la muerte.
Por fin se dobló en dos. Rompióse la cuerda que lo sujetaba, y Jacobo de Molay se hundió en la fogata, y sólo se vio su mano que permanecía alzada entre las llamas. Y así estuvo aquella mano hasta quedar completamente ennegrecida.
--------- Narracion Tomada textualmente de la Novela de Maurice Druon Los reyes malditos - EL REY DE HIERRO-
En el plazo de un año, dicha maldición supúsose que comenzaba a cumplirse, con la muerte de Clemente V († 20 de abril de 1314); de Felipe IV (según Maurice Druon, a causa de un accidente cerebrovascular durante una expedición de caza el 29 de noviembre de 1314) ; y finalmente de Guillermo de Nogaret (envenenado ese mismo año). (http://es.wikipedia.org/wiki/Jacques_de_Molay)
Placa instalada en el lugar de ejecución de Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden del Temple
Jacques DeMolay na fogueira com Guy D'auvergne onde faz sua maldição ao Papa Clemente V, Guilherme de Nogaret e Filipe,o Belo. Extraído do Seriado "Os Reis Malditos".
51º Gran Maestre y Príncipe Regente de la OSMTH (1960- 2018)
Dom Fernando Pinto Pereira de Sousa Fontes
Deja tu nombre
Jesus VIVE !
"No tengan miedo, el ha resucitado, así como lo dijo" Mateo 28
Santa Maria Magdalena
Señor, Dios nuestro, Cristo, tu unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por la intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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San Jorge
Patrono mundial de los Caballeros
OSMTH-Venezuela
El Priorato Magistral Templario Venezuela está conformada como una Asociación de hombres y mujeres que les une el amor a Cristo, sus enseñanzas, la filantropia y la historia medieval. No existe como Orden, en cuanto a que, por la Bula de Clemente V, fue suspendida hasta tanto no se dicte sentencia final y definitiva en el proceso iniciado en 1307. Ahora bien, el nombre de "Orden" en todo el mundo, sólo se conserva por TRADICIÓN, pues la naturaleza jurídica actual es de una Asociación Civil (En tramites), sin fines lucrativos.
Unico Priorato en Venezuela con carta patente de la Obediencia OSMTH con base en Porto, Portugal, firmada por el Gran Maestre y Principe Regente, Conde Don Fernando Pinto Campello Pereira de Sousa Fontes