Hoy Francisco dio a conocer en un documento el legado del Jubileo de la Misericordia, que concluyó ayer
CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Francisco dio a
conocer hoy la carta apostólica "Misericordia et misera", el
documento de conclusión del Jubileo extraordinario en el que da las
indicaciones para que los católicos continúen este tiempo de la misericordia,
la reconciliación y el perdón.
Sin dudas, el punto más destacado es el 12, en que da libertad a los sacerdotes para que puedan absolver el pecado del aborto,
algo que hasta ahora solo podían autorizar los obispos o el mismo pontífice.
En el texto completo son muchos más los temas en los que
profundiza el Sumo Pontífice, entre ellos la negativa a poner condiciones a
la misericordia; la necesidad de vivir con fidelidad, alegría y entusiasmo; la
esperanza que proviene de la fe; la complejidad de la realidad familiar actual;
la banalización de la muerte; la falta de un salario justo, un hogar, una
tierra; la discriminación por la fe, la raza, la condición social.
Pero son otros cuatro los que, a la par del que llama a
perdonar el aborto, consolidan un giro de la Iglesia.
Sobre el adulterio
"Ella, adúltera y, según la Ley, juzgada merecedora
de la lapidación; él, que con su predicación y el don total de sí mismo, que lo
llevará hasta la cruz, ha devuelto la ley mosaica a su genuino propósito
originario. En el centro no aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de
Dios que sabe leer el corazón de cada persona, para comprender su deseo más
recóndito, y que debe tener el primado sobre todo. En este relato evangélico,
sin embargo, no se encuentran el pecado y el juicio en abstracto, sino una
pecadora y el Salvador. Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído
su corazón: allí ha reconocido el deseo de ser comprendida, perdonada y
liberada".
Llamado de atención a los religiosos
"A los sacerdotes renuevo la invitación a prepararse
con mucho esmero para el ministerio de la Confesión, que es una verdadera
misión sacerdotal. Os agradezco de corazón vuestro servicio y os pido que seáis
acogedores con todos; testigos de la ternura paterna, a pesar de la gravedad
del pecado; solícitos en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido; claros a
la hora de presentar los principios morales; disponibles para acompañar a los
fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia;
prudentes en el discernimiento de cada caso concreto; generosos en el momento
de dispensar el perdón de Dios. Así como Jesús ante la mujer adúltera optó por
permanecer en silencio para salvarla de su condena a muerte, del mismo modo el
sacerdote en el confesionario tenga también un corazón magnánimo, recordando
que cada penitente lo remite a su propia condición personal: pecador, pero
ministro de la misericordia".
El sacramento del matrimonio
"En un momento particular como el nuestro,
caracterizado por la crisis de la familia, entre otras, es importante que
llegue una palabra de gran consuelo a nuestras familias. El don del matrimonio
es una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder
con al amor generoso, fiel y paciente. La belleza de la familia permanece
inmutable, a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas: «El gozo del
amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia». El
sendero de la vida lleva a que un hombre y una mujer se encuentren, se amen y
se prometan, fidelidad por siempre delante de Dios, a menudo se interrumpe por
el sufrimiento, la traición y la soledad. La alegría de los padres por el don
de los hijos no es inmune a las preocupaciones con respecto a su crecimiento y
formación, y para que tengan un futuro digno de ser vivido con
intensidad".
Los marginados
"Todavía hay poblaciones enteras que sufren hoy el
hambre y la sed, y despiertan una gran preocupación las imágenes de niños que
no tienen nada para comer. Grandes masas de personas siguen emigrando de un
país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz. La enfermedad, en sus
múltiples formas, es una causa permanente de sufrimiento que reclama socorro,
ayuda y consuelo. Las cárceles son lugares en los que, con frecuencia, las
condiciones de vida inhumana causan sufrimientos, en ocasiones graves, que se
añaden a las penas restrictivas. El analfabetismo está todavía muy extendido,
impidiendo que niños y niñas se formen, exponiéndolos a nuevas formas de
esclavitud. La cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente,
hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los
demás. Dios mismo sigue siendo hoy un desconocido para muchos; esto representa
la más grande de las pobrezas y el mayor obstáculo para el reconocimiento de la
dignidad inviolable de la vida humana".
Tomado de: http://www.lanacion.com.ar/1958159-papa-francisco-aborto-jubileo-misericordia