viernes, 6 de abril de 2012

La muerte de Cristo, analizada por los forenses

La muerte de Cristo, analizada por los forenses

En vísperas de Pascuas, fecha en que los cristianos celebran la muerte y resurrección de Jesús, Infobae.com recopiló distintos análisis que dicen médicamente de qué habría muerto el autoproclamado Rey de los Judíos. Todos coinciden en que padeció un gran sufrimiento
Desde el siglo I se buscó alguna respuesta clara a los motivos que desencadenaron la muerte de quien, según las sagradas escrituras, diera su vida para limpiar los pecados de toda la humanidad como eterno gesto de amor.

Más allá de las creencias religiosas en torno a la resurrección como fenómeno de fe, lo cierto es que su existencia fue probada por científicos e historiadores y que desde la medicina se intenta aún hoy hacer una suerte de estudio forense sobre su muerte.

En cada uno de ellos, todos coinciden en el tremendo dolor que el hombre debió soportar. "Él sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre", afirma el portal Christian Answers. Ellos mismos sostienen que el sufrimiento se habría iniciado incluso antes de la vejación.

"Jesús tenía el peso del mundo sobre sus hombros. Incluso antes de que la crucifixión empezara, Él mostraba claramente síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento. La noche antes de la ejecución sus discípulos dicen haberlo visto en agonía sobre el Monte de los Olivos. No tan solo no durmió en toda la noche, sino que parece haber estado sudando abundantemente. Tan grande era el sufrimiento que había pequeños vasos sanguíneos que se rompían en sus glándulas sudoríferas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (Lucas 22:44). Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis o sudor de sangre".

Según este portal "estaba físicamente agotado y en peligro de sufrir un colapso". Además, al dar cada detalle de su mal estado físico menciona: "Ese era el hombre al cual los soldados romanos torturaron".

Después de sufrir la flagelación, el largo vía crucis y la dolorosa crucifixión, "Jesucristo murió de asfixia, insuficiencia cardiaca aguda y finalmente un infarto al miocardio, pero si hubiera necesidad de realizar una ficha o informe final de las causas clínicas de su fallecimiento, serían al menos diez los diferentes aspectos médicos que le causaron la muerte".

Así lo expuso el doctor Jorge Fuentes Aguirre en la conferencia "Las Causas Clínicas de la Pasión y Muerte de Jesucristo" realizada en la Parroquia del Perpetuo Socorro, en México. Los diez puntos que contemplaría el cuadro completo serían- dijo Fuentes Aguirre-: síndrome de estrés agudo, hipertensión arterial de origen psicosomático, anemia aguda por pérdida sanguínea, insuficiencia cardíaca congestiva, insuficiencia respiratoria aguda, síndrome pleural con derrame, shock por hipotensión, infarto al miocardio, ruptura de ventrículo y muerte súbita".

Fueron tres los momentos claves y de mayor sufrimiento a los que Jesús fue sometido:

La Flagelación
El doctor Rubén Darío Camargo, especialista en medicina interna de cuidados intensivos, analizó en una conferencia realizada en Barranquilla, Colombia, en 2003 los castigos que daban los romanos: "la flagelación era un preliminar legal para toda ejecución Romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre ésta los golpes, nada perdiesen de su fuerza y golpeaban, sin compasión y sin misericordia alguna".

El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos.


De este modo, cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones y hematomas. Los huesos de oveja que las cuerdas de cuero tenían en las puntas desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo.

Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada, lo que creaba las condiciones para producir una pérdida importante de líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la hematidrosis (sudoración de sangre) había dejado la piel muy sensible en Jesús.


La corona de espinas

Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas. A Jesús, le fue colocada sobre su cabeza, como emblema irónico de su realeza una corona de espinas. En Palestina abundan los arbustos espinosos, que pudieron servir para este fin, según los investigadores se utilizó el Zizyphus o Azufaifo, llamado Spina Christi, de espinas agudas, largas y corvas.

Esa corona de espinas fue impuesta sobre su cuero cabelludo, y era capaz de irritar gravemente los nervios más importantes de su cabeza, causando un dolor cada vez más intenso y muy agudo, a medida que las horas pasaban.

En el estado de sufrimiento de Cristo, tras los crudos golpes que habían sido suficientes para matarlo, se agravó con la inserción de las espinas, profundas, en su cabeza. Su cuerpo ya estaba magullado, cortado y sangrante, y siguiendo las escrituras y los dichos de los Apóstoles, no había tenido ningún alimento durante muchas horas, lo que se habría agravado por la pérdida de líquidos tras las abundantes hemorragias. Eso hizo suponer que  Jesús estaría gravemente deshidratado. Esta tortura brutal ciertamente le habría llevado a lo que los médicos llaman colapso o shock.




Cuentan las escrituras, que al momento de "coronación" congregaron a toda la corte conformada por entre 400 y 600 hombres para burlarse de él. Allí lo desnudaron, lo hicieron sentar sobre cualquier banco de piedra, le echaron en las espaldas una capa corta color grana y le encasquetan la corona de espinas con fuerza sobre la cabeza, le pusieron una caña por cetro en la mano derecha y empieza la farsa…”¡salve, rey de los judíos! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y lo escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. Después de haberlo escarnecido, lo desnudaron…" (Mr.15:15; Mt.27:26-30; Jn 19:1-3).

La palabra "corona" ha inducido a pensar en un cerco de espinas en torno a la cabeza, tal como lo presentan los crucifijos, pero la frase empleada por Marcos al igual que Juan es: "Plexantes stephanon ex acanthon… epethekan epi tes kefales autou", lo que significaría según los investigadores: "Entretejiendo una corona de espinas que pusieron sobre su cabeza". Estas espinas de una planta local se entretejían alrededor de la cabeza horizontalmente de la frente a la nuca pasando por encima de las orejas.

La crucifixión
Los informes que analizan ese momento relatan que el dolor y el daño causado por la crucifixión fue concebido para ser sumamente intenso, al punto que se anhelaría constantemente la muerte. Según el Dr. Frederick Zugibe, la perforación de nervio medio de las manos por un clavo puede causar un dolor tan increíble que ni la morfina sería de ayuda: "por ser un dolor intenso, ardiente, horrible, como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. La ruptura del nervio plantar del pie con un clavo tendría un efecto asimismo horrible". Además, la postura del cuerpo sobre ese tipo de cruz alargaría por varios días la agonía, ya que ésta fue pensada "para hacer extremamente difícil la respiración".

Frederick Farrar describe el efecto torturador pretendido: "una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso, vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, vergüenza, publicación de la vergüenza, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas..."

Un médico lo resumió como "una sinfonía del dolor" producida por cada movimiento, con cada inspiración, incluso una pequeña brisa sobre su piel podría causar un dolor intenso en ese momento.





El examinador médico, doctor Frederick Zugibe, cree que Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por su heridas, además de una sacudida cardiogénica que causó que el corazón de Cristo sucumbiera.

James Thompson cree que Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes o por las 3 horas de crucifixión, sino que murió por agonía de la mente, la cual le produjo el rompimiento del corazón. Su evidencia viene de lo que sucedió cuando el soldado romano atravesó el costado izquierdo de Cristo. La lanza liberó un chorro repentino de sangre y agua (Juan 19: 34). Esto no solo prueba que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que Thompson cree que ello también es una evidencia del rompimiento cardíaco. El renombrado fisiólogo Samuel Houghton cree que tan solo la combinación de crucifixión y ruptura del corazón podría producir este resultado.
                                                


 Cualquiera que fuere la causa final de la muerte, no hay duda de que fue dolorosa más allá de lo descriptible con la palabra. Cerca del fin, cuentan las escrituras, un criminal cruxificado junto a Él se burló: "Si tu eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros". Quizás, no sabía que el hombre al cual él hablaba estaba colgado allí voluntariamente.

Jesús permaneció en su agonía y vergüenza, según la fe, no porque era omnipotente, sino por su increíble amor por la humanidad. Sufrió para crear el camino necesario para la salvación de todos, de quienes creen en él o no. Si hoy se mira para atrás y se ve en un solo lugar a una sola persona con igual amor y se dice capaz de sacrificar uno solo de sus días por un prójimo, entonces, todo el padeciemiento que sufrió el hombre considerado el inicio de la vida, no fue en vano. 

Fuente: Fluvium, Christian Answers

jueves, 5 de abril de 2012

Visita virtual a los siete templos

Visita virtual a los siete templos

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El Vaticano durante la misa de este jueves (Foto Reuters)
Para los católicos, la visita a los siete templos representa la pasión, juicio y sentencia de muerte de Jesucristo. Si estás de vacaciaones en algún lugar donde no hay site templos, o estás trabajando, o no quieres salir de tu casa por miedo a la inseguridad, te invitamos a hacer una visita virtual por siete templos de Europa.
Las familias acuden de templo en templo hasta sumar siete, número que corresponde a los sitios que Jesucristo visitó desde que fue tomado preso en el Huerto de Getsemaní y hasta el inicio de la Pasión.
El Jueves Santo es el día de la llamada “Visita a las siete casas”, tradición que llegó a con los conquistadores españoles y que, como el Viacrucis y las procesiones, ha sido adoptada por los creyentes católicos, quienes la han transmitido de generación en generación.
El objetivo es visitar al Santísimo Sacramento de siete templos, y estos son los links para que entres en los templos.
El Vaticano en Italia
La Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington
La Catedral de Oviedo en España
La Catedral de Córdoba en España
La Basílica de San Marco en Italia
La Basílica de Montmartre en Francia
La Catedral de Colonia en Alemania

Tomado de : http://www.lapatilla.com/site/2012/04/05/visita-virtual-a-los-siete-templos/

Jueves Santo 2012


Leonardo da Vinci, La Última cena.
El Jueves Santo es una fiesta cristiana que se celebra el jueves anterior al Domingo de Resurrección, dentro de la Semana Santa, y que abre el Triduo Pascual. En este día la Iglesia católica conmemora la institución de la Eucaristía en la Última Cena y el lavatorio de los pies realizados por Jesús.

El Jueves Santo se rememora la Institución de la Eucaristía en la celebración de los Santos Oficios. Una vez que éstos han terminado se rememora la agonía y oración de Jesús en el huerto de los olivos (Getsemaní), la traición de Judas y el prendimiento de Jesús.

En este día, por la mañana, tiene lugar la llamada Misa crismal, que es presidida por el Obispo diocesano y concelebrada por la totalidad de su presbiterio. En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los demás óleos, que se emplearán en la administración de los principales sacramentos. Junto con ello, los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación. Es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el sacerdocio y ministerio de Cristo. Es recomendable litúrgicamente y es de práctica común celebrarla en la catedral de cada diócesis.

Los oficios de Semana Santa llegan el Jueves Santo a su máxima relevancia litúrgica. Este día es la Introducción al Triduo Pascual que culminará en la vigilia que conmemora, en la noche del Sábado Santo la Resurrección de Jesucristo.

Los Santos Oficios del Jueves Santo se celebran en una misa vespertina en la tarde de dicho día al caer la tarde, a partir de la hora nona, (las tres de la tarde aproximadamente) que es la hora a la que termina el tiempo de Cuaresma. El Jueves Santo es tiempo de Cuaresma hasta la hora nona, es decir, toda la mañana hasta las tres de la tarde. A partir de ahí comienza el Triduo Pascual, que durará desde la tarde del Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección. En la celebración, participa junto a los sacerdotes celebrantes, un seglar, que será el que nos irá informando de lo que se va a ir celebrando a lo largo de éstos oficios.

Los sacerdotes entran, pero de nuevo con cantos, pues ya ha terminado la Cuaresma y se va a celebrar uno de los momentos más importantes del año litúrgico, la Institución de la Eucaristía y el mandamiento del amor. Los cantos de esta celebración están enfocados a la celebración de la institución de la Eucaristia. El color de ésta celebración es el blanco en honor a la Eucaristía sustituyendo al morado cuaresmal.

Dentro de los oficios del día, adquiere un destacado simbolismo el lavatorio de pies que realiza el sacerdote lavando los pies a doce personas a modo de los doce apóstoles y en el que recuerda el gesto que realizara Jesús antes de la Última Cena con sus discípulos, realizándose antes del ofertorio. En ésta celebración se canta de nuevo el "Gloria" a la vez que tocan las campanas de la torre y campanillas de mano, y cuando éste termina, las campanas dejan de sonar y no volverán a sonar hasta la Vigilia Pascual en la Noche Santa.

La celebración se realiza en un ambiente festivo y con una gran solemnidad y en parte de alegria pero también de tristeza por lo que ocurrirá a partir de esa misma tarde de Jueves Santo. Una vez se ha repartido la Comunión, el Santísimo Sacramento se traslada del Sagrario en procesión por el interior de la iglesia, al llamado "Altar de la reserva" o "Monumento", un altar efímero que se coloca ex-profeso para esta celebración, debido a que en la celebración del Viernes Santo no se celebra la Eucaristía. Automáticamente, una vez se ha reservado al Santísimo, los oficios finalizan de un modo tajante, ya que el sacerdote no imparte la bendición, pues la celebración continuará al día siguiente y es el seglar el que nos informa de que la celebración ha terminado y se nos invita a conmemorar al día siguiente la muerte del Señor. Igualmente, el altar es despojado de todo tipo de ornato quedando lo más sobrio posible, inclusive sin mantel.

El lavatorio queda reflejado también en el Evangelio del día:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
 ―Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
 Jesús le replicó:
 ―Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
 Pedro le dijo:
 ―No me lavarás los pies jamás.
 Jesús le contestó:
 ―Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
 Simón Pedro le dijo:
 ―Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.
 Jesús le dijo:
 ―Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.
 Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo «No todos estáis limpios».
 Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
 ―¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Juan 13, 1-15

Durante la noche se mantiene la adoración del Santísimo en el "Monumento", celebrándose la llamada "Hora Santa" en torno a la medianoche, quedando el Santísimo allí hasta la celebración del Viernes Santo. Esta reserva recuerda la agonía y oración en Getsemaní y el encarcelamiento de Jesús, y por eso los sacerdotes celebrantes de los oficios piden que velen y oren con Él, como Jesús pidió a sus apóstoles en el huerto de Getsemaní. Una vez han terminado los oficios, se rememora la oración y agonía de Jesús en el huerto de los olivos, la traición de Judas y el prendimiento de Jesús, que se suele celebrar con procesiones en la tarde-noche del Jueves Santo.

En algunos lugares, existe la tradición de visitar siete monumentos en distintos Templos de una misma ciudad, para recordar a modo de "estaciones", los distintos momentos de la agonía de Jesús en el Huerto y su posterior arresto.

Desde hace unos años, la Iglesia Católica celebra el Jueves Santo, el llamado Día del Amor Fraterno.

Historia
El Jueves Santo Jesús cenó la Pascua con sus apóstoles o discípulos, siguiendo la tradición judía, ya que según ésta se debía de cenar un cordero puro y del año; con la sangre de éste se debía rociar la puerta en señal de purificación ya que si no se hacía así el ángel exterminador entraría a la casa y mataría al primogénito de esa familia (décima plaga), según lo relatado en el libro del Éxodo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Miercoles Santo 2012

Judas Iscariote conspira con el Sanedrín para traicionar a Jesús por treinta monedas de plata.
La primera parte de la Semana Santa cristiana llega a su fin con la celebración del Miércoles Santo.
El Miércoles Santo marca el final de la Cuaresma y el comienzo de la Pascua. El Miércoles Santo es el día en que se reúne el Sanedrín, el tribunal religioso judío, para condenar a Jesús.
Liturgia del Miércoles Santo
El Evangelio del Miércoles Santo continúa con la traición de Judas Iscariote en este caso en relato de San Mateo
 
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
-«¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
-«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó:
-«ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"».
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
-«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
-«¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió:
-«El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido».
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
-«¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió:
-«Tú lo has dicho».

martes, 3 de abril de 2012

Martes Santo 2012

El Martes Santo continúan las celebraciones de la Semana Santa cristiana, que conforme va acercándose los días de los principales cultos (Jueves y Viernes Santo) siguen su reflexión acerca de diversos pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Son días propicios para la reflexión profunda en los que la Iglesia nos invita como en una “última llamada” a acercarnos al sacramento de la confesión con el fin de estar preparados para vivir la Vigilia Pascual y el gran acontecimiento de la Pascua. El cristiano debe estar en gracia de Dios para participar con toda la Iglesia del gran banquete de la Eucaristía en la Misa más importante del año.

Liturgia de Martes Santo
En el Evangelio del Martes Santo , Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las Negaciones de San Pedro. El texto es de San Juan:

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo:
 -«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».
 Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
 -«Señor, ¿quién es?».
 Le contestó Jesús:
 -«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
 Y untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
 -«Lo que tienes que hacer hazlo en seguida».
 Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
 -«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: Donde yo voy, vosotros no podéis ir».
 Simón Pedro le dijo:
 -«Señor, ¿a dónde vas?»
 Jesús le respondió:
 -«Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde».
 Pedro replicó:
 -«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».
 Jesús le contestó:
 -«¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».

Juan 13, 21-33 36-38

lunes, 2 de abril de 2012

Lunes Santo 2012

El Lunes Santo es el segundo de los días de la Semana Santa, cuyo comienzo tiene lugar el Domingo de Ramos, y durante la cual los cristianos conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Así se pone de manifiesto en la liturgia de las distintas ceremonias que tienen lugar en Semana Santa en las distintas confesiones cristianas.
Además de los actos celebrados en los templos, diversas manifestaciones populares tienen lugar durante la Semana Santa en todo el mundo, destacando las procesiones que se organizan en muchos pueblos y ciudades.
Liturgia de Lunes Santo
A diferencia de otros días de la Semana Santa que cuentan con ceremonias singulares, en la Iglesia Católica el Lunes Santo continúa la celebración normal de la misa. Durante ésta, el Evangelio que es proclamado refleja el pasaje de la Unción en Betania, en casa de Lázaro, en el que una de las hermanas de éste, María le unge con costosos perfumes. La lectura corresponde al Evangelio de San Juan:
    Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una fibra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
    -«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»
    Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando. Jesús dijo:
    -«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
    Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
    Juan 12, 1-11

domingo, 1 de abril de 2012

Domingo de Ramos 2012

El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.
En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria - anamnesis - de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Liturgia de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración. Con una evocación que no puede dejar de ser actualizada.
Vamos con el pensamiento a Jerusalén, subimos al Monte de los olivos para recalar en la capilla de Betfagé, que nos recuerda el gesto de Jesús, gesto profético, que entra como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías. .
 Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, de forma abierta y sin subterfugios aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.
San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: "Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto".
Palabras con una extraña evocación de las mismas que anunciaron el nacimiento del Señor en Belén a los más humildes. Jerusalén, desde el siglo IV, en el esplendor de su vida litúrgica celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Y la cosa gustó tanto a los peregrinos que occidente dejó plasmada en esta procesión de ramos una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.
Con la liturgia de Roma, por otro lado, entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.
Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en el madero la nueva semilla que debe empujar el remo evangelizador de la Iglesia en el mundo.
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Este es el evangelio, esta la nueva noticia, el contenido de la nueva evangelización. Desde una paradoja este mundo que parece tan autónomo, necesita que se le anuncie el misterio de la debilidad de nuestro Dios en la que se demuestra el culmen de su amor. Como lo anunciaron los primeros cristianos con estas narraciones largas y detallistas de la pasión de Jesús.
Era el anuncio del amor de un Dios que baja con nosotros hasta el abismo de lo que no tiene sentido, del pecado y de la muerte, del absurdo grito de Jesús en su abandono y en su confianza extrema. Era un anuncio al mundo pagano tanto más realista cuanto con él se podía medir la fuerza de la Resurrección.
La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado pascua florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.
http://www.aciprensa.com/Semanasanta/ramos.htm